Ana Chig: Ignoro lo que esta ceguera de infortunios dispersará entre los días




El mediodía eleva una ancla de solares baldíos     




El mediodía eleva un ancla de solares baldíos, 
una trasparencia oleosa y el rastro de cierto recuerdo  
que se siembra como a “tierra venida” de la infancia. 
Hubo flores de alazor a orilla del camino que reveló mi padre, 
sus ramas densas y espinosas alejaban a los pájaros,  
cardenales, mirlos y gorriones  
sobrevolaban el cártamo del día en desaliento,  
otros, desde viejos álamos, contemplaban  
las minutas de algodón y sus semillas desprendidas por el aire, 
la longitud del silencio en esos días me estremecía,  
julio esparcía desolación en los campos de falsos azafranes 
los lomos de los surcos como una provincia desconocida y lejana 
ceñían mis sueños de confusas palabras, de horas agolpadas 
que hoy entiendo, resultarán por siempre indescifrables.



En el cargante transcurrir de los segundos




Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.
J. L. Borges


Un cúmulo indefinido exteriorizó una sensación presentida.
Cierta luz en retroceso desvaneció rostros y voces en mi abadía,
advertí la nulidad del cuerpo dilatado sobre la cama,
el abandono de todo objeto vinculado a la existencia.
En el cargante transcurrir de los segundos
como un mar inmutable que ola tras ola desgasta el filamento de la piedra,
así se esparció la blancura espesa, simiente del silencio.
Medrosa y disminuida, deambulo calles comunes del día.
Formas de nubes suponen la pared acantilada del desconcierto.
La gente me rehúye, ¿o soy yo quien declina su ociosa presencia?
Ahí está el hospital, embarnecido también por ese castrante sigilo.
¿Quién ha muerto en el instante ulterior a mi pensamiento, qué dolor,
qué nombre no pudo pronunciarse, qué aliento sucede de los cuerpos en vigilia,
qué seres habitan las ventosas islas, mecánicas y frías.
Estos son los hierros de la guerra y los despojos –dijo Borges.
La humanidad sumida en incertidumbre, miedo, humillación.
Somos aprendices de formas que vulneran, la distancia del otro, el aislamiento.
Nuevos códigos en la mirada como ver a un enemigo a través de los setos.
Apenas un libro y tres monedas en el bolsillo, ¿y si esto fuera acaso el mismo sueño?



¿Quién tiene ahora voluntad de ser eterno?




Aquí de nuevo esto, 
la avidez como una forma insectil que apenas se percibe,
¿Quién tiene ahora voluntad de ser eterno?
Escribir es intentar adentrarse a una oscuridad 
de pesadumbre y cansancio.
Son los días rotos que siegan de los cuerpos
la luz frágil de sus propias quiebras,
exhalaciones turbias que no logran el balance
en los pensamientos,
preferiría ver el combate de aves a mi paso, 
a los muchachos que se besan y suben al taxi, 
al perro que ladra a un gato negro en la baldosa,
preferiría ser ésta que pretende nombrar todo 
y solo deja en evidencia su tonto desaliento.



Ignoro lo que esta ceguera de infortunios 




No lo sabré, nunca.
Ignoro lo que esta ceguera de infortunios dispersará entre los días,
existe cierta pesadumbre adentrada como agua turbia entre canales,
un entramado exacto de raíces hirientes y atemorizantes.
Otra tarde se desplaza, me doy cuenta que la juventud
es una idea asimilada del cuerpo visible en el fragmento del espejo.
El peso de la piel, su caída exacta y voluptuosa,
las estrías delineando el contorno de cadera,
los senos que alimentaron otro cuerpo
a fuerza de silencios encallados en el rostro.
Tú, que tantas veces pasas a mi lado y despojas de la ruta,
abandonas, sin nombrarlas, un cúmulo de palabras fantasmales
que dan contorno a esta ciudad –es decir mi cuerpo-
sitiada por la torpeza del amor y el combate migratorio del deseo.
Más no eres la causa que da forma a este desconsolado lirismo
solo es un miedo invertebrado desplazándose en los márgenes de casa
lo mismo que esas hormigas explorando el sitio inadvertido de su muerte.



Esto es un bodegón de luz y ruido

 

“Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir.
Es algo que busco a tientas en la oscuridad”
Anne Carson

 
Esto es un bodegón de luz y ruido.
Hay sombras que se adentran al bullicio,
aves amenazantes picoteando vidrios de ventanas.
El Centro y sus tibias medusas de asfalto,
cardúmenes de empleados desplazándose entre calles
recogiendo restos humanos, a prisa, con la imperfección publica a cuestas, maquillando baches de negligente blandura.
 
La mañana, como todas, vuelve a uno,
no hay grilletes en el tiempo.
Un minúsculo punto negro sobre el mármol me perturba,
ahí está, definiendo su universo rectangular, absoluto, dominante,
le observo atenta; nada sabe, no presiente,
soy una diosa de oscuridad a mitad de la nada,
bastaría levantarme y colocar mi pie en su inquietante frontera de luz…
 
De Callas a Evans, transcurrió la música, se fragmentó la atmósfera,
vuelvo a la pieza, el café de fondo es tibio;
me entusiasma haber leído a Anne Carson; un libro suyo en el
 tianguis y en la librería de viejo, caminar, identificar a Audubon abatiendo pájaros en las esquinas, habitar sus versos, sus ideas, «la fotografía es una forma de muerte.»



Welcome to the hall county library

 
  

La biblioteca de Gainesville reveló a George Trakl,
la grotesca belleza de Schiele, el Kind of blue de Miles Davis,
la herbolaria presencia de Emily en los estantes,
a Elliot, y su luz apenas presentida en mi cuerpo.
 
Ensayé a escribir las ciudades desde adentro,
a traducir el dialecto de los bosques de Georgia,
sorprenderme de los lagos, el maple y la arcilla,
y un asado sureño debajo de antiguos maderos.
 
Pero la realidad siempre nos concede otra estancia,
«Este es tu lugar» dijo el manager
y dejó un cuchillo en mi mano extendida,
los nopales apilados en javas, y una verdosa oscuridad
calcitrando de mi cuerpo sus deseos.




ANA CHIG (1974, Los Mochis, Sinaloa, México. Reside en Tijuana))
Ana Chig es poeta, editora y promotora cultural. En 2012, fundó la revista mensual de poesía Frontera Esquina, en la que participan poetas, ensayistas y artistas de la región fronteriza de Baja California y California, Estados Unidos. Se desempeñó como coordinadora de Poetry Borders en La Casa del Túnel Art Center, en Tijuana. Es directora del proyecto independiente Nódulo Ediciones, que ha publicado más de 40 títulos en los géneros de poesía, cuento, ensayo, novela, periodismo cultural y literatura infantil. En 2015 y 2016 formó parte del jurado para el Premio Nacional de Poesía Tijuana, convocado por el Instituto Municipal de Arte y Cultura. Actualmente colabora como encargada académica en la Casa de la Cultura Playas de Tijuana del IMAC. Su obra aparece publicada en antologías, revistas y medios electrónicos. Ha publicado: “La noche sobre el rostro”, “La ciudad, encuentros y desencuentros” y el libro inédito “Estanques de Arena”.
Imagen: Jim Platel

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