Kenneth Rexroth: El amor es un arte del tiempo

KENNETH REXROTH nace en South Bend, Indiana, en 1905, y muere en Santa Bárbara, California, en 1982, después de una larga vida de viajes, publicaciones, experiencias laborales de diverso tipo y participación en distintas manifestaciones políticas y artísticas como músico, periodista, pacifista,anarquista y artista plástico. Publicó muchos libros de poemas, algo de narrativa y teatro en verso y algunos ensayos geniales, así como gran cantidad traducciones, en especial de la poesía japonesa y china. En algún momento entró también en la industria discográfica y produjo algunos discos fusionando lecturas de poesía con música de distintas agrupaciones de jazz. En este sentido, así como en otros relacionados con su estilo de vida y con el resto de sus movimientos con la poesía, fue uno de los primeros agitadores de la escena poética de San Francisco. Allí terminó instalándose desde los veintidós años – después de pasar la adolescencia en Chicago y formar parte de un renacimiento de la bohemia en esa ciudad,y alternativamente de la escena neoyorquina de Greenwich Village– inspirando así a las siguientes generaciones de poetas, entre ellos, y quizás en primer lugar, a los beats. Era él uno de los que organizaba la famosa lectura 6 poets at 6 gallery donde Allen Ginsberg leyó por primera Howl, en 1955. Gran lector y autodidacta en casi todos los géneros, a los que nutrió con libros tan sorprendentes y brillantes como Classics Revisited, ya hacia fines de los sesenta, cuando se muda a Santa Bárbara, empieza a dar clases en la Universidad de California, entrando por primera vez al circuito académico y dictando en forma muy poco convencional seminarios que convocaban a cientos de estudiantes. Orador, montañista, espectador de casi entero el siglo veinte y el Estados Unidos de varias revoluciones en marcha. Su obra completa de poesía está editada por Sam Hamill y Bradford Morrow en Cooper Canyon Press; si bien casi todos sus libros habían sido publicados por el sello que fundara James Laughlin en 1936, New Directions Press. En las primeras páginas de su autobiografía escribe: “He pasado mi vida tratando de escribir como hablo”. Y será desde esa continua búsqueda de La firma de todas las cosas donde se irán intercalando los diferentes móviles que inquietaran su pensamiento y conmovieran en igual medida su observación, sensualidad y reflexión frente a los ciclos de la naturaleza, la biología y la botánica que surgen de esa exploración del mundo. La salida al exterior, el viaje, la estadía. Y también la sociedad, la trascendencia, las duplicidades material e intelectual, antiguo y moderno, oriente y occidente, y el amor. Contemplación y canto. Reflejos y paisajes que están para ser mirados sólo con ese tamiz resplandeciente que el amor produce. Canciones de amor, luna y viento, Actos sacramentales, entre otros. El título aquí traducido –que en The Complete Poems aparece como anteúltimo y justo anterior a sus LOVE POEMS OF MARICHIKO (The Morning Star), donde el autor escribió poemas de amor como si fuera una poeta japonesa– consta de veintidós poemas y una segunda parte con tres series de poemas cortos con una atmósfera oriental titulados: LA CIUDAD DE LA LUNA, TIERRA CIELO MAR/ÁRBOLES PÁJAROS/CASA/BESTIAS FLORES e IMITACIONES DEL CHINO. El amor y el paso del tiempo, el amor durante el pasado, y el tiempo, o el arte del amor y su reflejo destellando en el tiempo, son los móviles que envuelven las imágenes y reflexiones tan delicadas como asombrosas de este libro. Paisajes, naturaleza, ciudades, lugares visitados y paseos en lunas de miel, pueblos vacíos, rutas en el medio de la noche, contemplación de los cielos en terrazas de piedra caliza que se desmoronan, sueños, apariciones del recuerdo, ráfagas de luces en la noche junto al lago, un fuego crepitando, y todo inmerso y expandido en el proceso de ser reconocido. Recorridos e iluminaciones íntimas a través de las calles, los antiguos barrios, fuentes, ríos, bosques y montañas donde dos personas están conectadas entre sí durante unos momentos, y ahí son visualizadas desde la melancolía propia de la intensidad en ese reflejo sobre los sentidos. Pensamientos agrupados en torno a ese eje de una comunión sagrada con el ser amado. Conexión en el espacio, el tiempo, en la acción y en la contemplación. Hablando del patrón minucioso y complejísimo de la individualidad orgánica como hecho fisiológico, escribe en su autobiografía: “Pero también hay un determinante psicológico y secreto. Cada uno de nosotros es un individuo específico, ese y ningún otro, entre miles de millones. Creo que cada uno de nosotros conoce su propio misterio con un conocimiento que precede a los orígenes de todo conocimiento. Ninguno de nosotros lo deja pasar. Nadie puede. Lo envolvemos en la conversación y lo escondemos con acciones. Sin embargo, siempre esperamos que de alguna manera los demás sepan que está ahí, y que un misterio en el otro, que no podemos conocer, responderá a un misterio en uno mismo que no podemos entender. La única satisfacción plena que nos ofrece la vida es este sentido de comunión. Lo buscamos constantemente. A veces lo encontramos. A medida que envejecemos, aprendemos que nunca está completo y, a veces, es completamente ilusorio.”

Laura Crespi

La familia




Tarde en la noche
volviendo de Melbourne
de una fiesta en Kangaroo Plains,
paramos el auto junto a una laguna negra.
El aire es inmóvil, cristalino.
Salgo, enciendo un fósforo,
y estudio el mapa de las estrellas.
Soplo el fósforo,
y por encima y adelante y debajo mío,
doble en el agua inmóvil,
millones de estrellas aparecen
que no había visto nunca antes
y que nunca volveré a ver otra vez.
Y ahí están esas dos
hijas universos de mi universo,
las Nubes de Magallanes –
dos amebas fosforescentes por encima,
y dos en el agua sin fondo.



Domingo azul




Flores de castaño están cayendo
en la calle vacía que huele
a hospitales y a cocina.
La radio está rompiéndole el corazón
a alguien en algún lugar
en una sucia habitación. Nadie
está escuchando. A quince kilómetros
alrededor en todas las direcciones
las casas están todas vacías.
Nadie vive en esta ciudad.
Fuera de los límites de la ciudad
hay cementerios verdes y blancos.
Nadie está en las tumbas.
Con largos intervalos
la fuente rota de hierro fundido
estornuda y chorrea en el patio.
En la sucia habitación
tres putas jóvenes tiran los dados.
Con largos intervalos
una de ellas le habla a los dados.
Si no están en silencio.
Después de que todas las hojas
del castaño hayan caído
el sol se pondrá y las estrellas brillarán
sobre la ciudad vacía
y volarán papeles por la calle.



Sueño con Leslie




Entraste en mi sueño,
viniste con tus inmensos
ojos luminosos,
y tu pelo castaño claro,
a través de cincuenta años,
para cantarme otra vez esa canción
de Campion que nos gustó tanto alguna vez.
Besé tu cuello tembloroso.
No había ninguna pista en el sueño
De que hubiera pasado tanto, tanto tiempo
desde el arribo de una nueva invitada
con la alegre Helen, con Íope y las demás –
sólo la paz
de la tarde noche
en un otoño compasivo
de la juventud.
Y me olvidé
de que yo era viejo y vos una sombra.



Media luna tardía




Tarde la media luna
alta sobre la cabeza.
Shaka se une a Tara.
La novia oscura posee a su amante.
Dos búhos ululando vuelan
desde el pino hasta el ciprés.
El mayor de los telescopios
revela más nebulosas
fuera de nuestra galaxia
que estrellas dentro de ella –
hay más células
en un solo cerebro.
Las arenas de todos los mares
tienen un número.
El desplazamiento rojo –
el alma mortal
en su cuerpo inmortal.
La luz se agota y se desgasta,
viajando a través del espacio.
El par de búhos
en el amanecer lleno de luna.



The family




Late night
Coming back from Melbourne
From a party on the Kangaroo Plains,
We stop the car by a black pool.
The air is immobile, crystalline.
I get out, light a match,
And study my star map.
I blow out the match,
And overhead and before and below me,
Doubled in the unmoving water,
The million stars come on
That I have never seen before
And will never see again.
And there are the two
Daughter universes of my universe,
The Magellanic Clouds –
Two phosphorescent amoebas overhead,
And two in the bottomless water.



Blue Sunday




Chestnut flowers are falling
In the empty street that smells
Of hospitals and cooking.
The radio is breaking
Somebody’s heart somewhere
In a dirty bedroom. Nobody
Is listening. For ten miles
In either direction
The houses are empty.
Nobody lives in the city.
Outside the city limits
Are green and white cementeries.
Nobody is in the graves.
At very long intervals
The broken cast iron fountain
In the courtyard sneezes and spurts.
In the dirty bedroom
Three young whores are shooting dice.
At very long intervals
One of them speaks to the dice.
Otherwise they are silent.
After the chestnut blossoms
Have all fallen the yellow
Sun will set and stars shine
Over the empty city
And papers blow down the street.



I dream of Leslie




You entered my sleep,
Come with your immense,
Luminous eyes,
And light brown hair,
Across fifty years,
To sing for me again that song
Of Campion’s we loved so once.
I kissed your quivering throat.
There was no hint in the dream
That you were long, long since
A new arrived guest,
With blithe Helen, White Iope and the rest –
Only the peace
Of late afternoon
In a compassionate autumn
In youth.
And I forgot
That I was old and you a shade



Late half moon




Late half moon
High over head.
Shaka merges with Tara.
The dark bride possesses her lover.
Two moaning owls fly from the
Pine to the cypress.
The largest telescope
Reveals more nebulae
Outside our galaxy
Tan stars within it –
There are more cells
In a single brain.
The sands os all seas
Have a number.
The red shift –
The mortal soul
In its inmortal body.
Light tires and wears out,
Travelling through space.
The owls mate
In the moonfilled dawn.



De: "El amor es un arte del tiempo", Cuadernos de traducción, 1974
Traducción: Laura Crespi 
Imagen: Cunningham Trust
Otros poemas de Kenneth Rexroth, aquí

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