01 octubre 2019

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Miriam García Aguirre


El arte de dilatarse o la habilidad del silencio



Hay ciertos días de impecable estructura donde mi cabello es el
único acto de rebeldía posible: tal vez podría llevar un peinado
que atendiese al canon

si hubiese llevado una dieta que disciplinara mis expectativas
o renunciado con oportunidad a la posibilidad de aprender a
observar o a sentir: no sería yo,
esta mujer desalineada incapaz de obedecer por completo.

El arresto al que me someto para entrar en alguna de las celdas
posibles me deforma
de manera silenciosa. He dejado de resistir a la expansión de
mis propias dimensiones,

hubo un instante sin registro en el que decidí andar hacia un
rumbo donde las coordenadas tienen poca utilidad:

durante el tránsito por mundos en construcción y destrucción
frecuente es precisa la confianza
en la locura propia:

la libertad es algo existente en mi sustancia vital
un sueño colectivo que atraviesa los siglos de los siglos
de una lengua a otra lengua
de un cuerpo a otro cuerpo
de uno a otro aliento

por momentos, de silencio en silencio.



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