junio 04, 2020

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José Miguel Silva: Penélope escribe


José Miguel Silva

Gran circo de Montekarl


No me gusta especialmente el circo, pero como no hay nada más
y una persona tiene que entretenerse con alguna cosa, aquí vine.
Confieso que me atrajo sobre todo el número de la Gran
Conflagración del Capitalismo, anunciado con letras rojas
en el cartel. El asunto que surge es:
¿a qué horas comienza? Pregunto, nadie sabe.

Francamente, esto ni parece una producción americana.
Estamos aquí de pie hace quién sabe cuántas horas y nada sale 
de la rutina: entran payasos, salen payasos, unos más
ricos, otros menos, pero de todos modos sin gracia.
Ya ni siquiera puedo ver. Y los domadores de caniches,
burros, comedoras de latón. Esto me enferma.

Ahora son los comedores de fuego. Que fastidio de mierda.
Sólo necesitamos un mago, listo ¿para qué dije eso?.
Más valía haberse quedado en casa. Pero la culpa es mía —
boletos tan baratos, debí haber desconfiado—. Podría intentar salir,
¿pero cómo, si ni consigo ver la puerta? ¿Y salir hacia dónde?
¿Hacia el frío de la noche? Estamos bien jodidos.



Los mejores años de mi vida



Los mejores años de mi vida
pasaron conmigo ausente, pasaron
en una corriente subterránea.
No me enteré de nada, distraído
con la caída de la hoja,
la densa mezcla de pan y desorden.
Estaba todo por pasar, pero yo sólo atendía
a pequeñas querellas
y tímidos pasos sin ton ni son, siempre a la espera
de no tener futuro. Sentado, como un pobre
sobre un pozo de petróleo,
medía con tijeras las semanas,
me mezclaba con libros, ansiaba
el día en que dejara de sangrar.
Los mejores años de mi vida los cambié
por esto.



Penélope escribe



Es más que cierto: no siento tu ausencia.
Pasé toda la tarde ordenando tus papeles,
leyendo las cinco cartas que me fuiste mandando
la semana que perdimos: tú en el Alentejo,
yo bajo el agua. Después regué las rosas
que dejaste en el huerto. Siempre sola y sin
lamentar mi estado (porque no me haces falta),
puse el disco de Chavela que me diste en Navidad
y empecé a preparar tu plato predilecto.
Cocinar me hizo perder el apetito; por eso
abrí una botella de vino y no me cuesta
confesarte que no siento tu ausencia.
Más o menos a las diez, me obligué a rechazar
dos invitaciones para salir (alegué androfobia)
y estoy en este momento recortando tu imagen
(no me haces falta) en la fotos que guardo de los dos,
es una forma de castigar con la papelera
a la inhábil idiota que dejó que te marcharas.



O Grande Circo de Montekarl



Não gosto especialmente de circo, mas como não há
mais nada e uma pessoa tem de se entreter com alguma
coisa, cá vim. Confesso que me atraiu sobretudo o número
da Grande Conflagração do Capitalismo, anunciado
em letras vermelhas no cartaz. A questão que se põe é:
a que horas começa? Pergunto, ninguém sabe.

Francamente, isto nem parece uma produção americana.
Estamos aqui de pé há sei lá quantas horas e nada sai
do ramerrão: entram palhaços, saem palhaços, uns mais
ricos, outros menos, mas todos iguais, todos sem graça.
Já nem os posso ver. E domadores de caniches,
burricos, cantilenas de latão. Isto põe-me doente.

Agora são os comedores de fogo. Que seca do caralho.
Só nos falta um mágico – pronto, para que é que eu falei.
Mais valia ter ficado em casa. Mas a culpa é minha –
bilhetes tão baratos, devia ter desconfiado. Podia tentar sair,
mas como, se nem consigo ver a porta? E sair para onde?
Para o frio da noite? Estamos bem fodidos.



Os melhores anos da minha vida


Os melhores anos da minha vida
passaram comigo ausente, passaram
numa corrente subterrânea.
Não me apercebi de nada,
distraído com a queda das folhas,
a densa mistura de pão e desordem.

Estava tudo em aberto, mas eu não sabia
senão de pequenas querelas,
e tímidos passos à toa, sempre à espera
de não ter futuro. Sentado, como um pobre,
sobre o poço de petróleo,
eu media com tesouras as semanas, 
misturava-me com livros, ansiava 
pelo dia em que deixasse de sangrar.

Os melhores anos da minha vida troquei-os
por isto.



Penélope escreve



É mais que certo: não sinto a tua falta.
Fiquei a tarde toda a arrumar os teus papéis,
a reler as cinco cartas que me foste endereçando
na semana que perdemos: tu no Alentejo,
eu debaixo de água. Fui depois regar as rosas
que deixaste no quintal. Sempre só e sem
carpir o meu estado (porque não me fazes falta),
pus o disco da Chavela que me deste no Natal
e comecei a preparar o teu prato preferido.
Cozinhar fez-me perder o apetite; por isso 
abri uma garrafa de maduro e não me custa
confessar-te que não sinto a tua falta.
Por volta das dez horas, obriguei-me a recusar
dois convites pra sair (aleguei androfobia)
e estou neste momento a recortar a tua imagem
(não me fazes falta) nas fotos que possuo de nós dois,
de maneira a castigar com o cesto dos papéis
a inábil idiota que deixou que tu te fosses.




JOSÉ MIGUEL SILVA
(1969, Vila Nova de Gaia, Portugal)
Enlaces: Zurgai | Poesía nómada | Luvina

junio 01, 2020

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Nicos Cavadías: Leía con ardor a la santa de Ávila


Marabú (i)



Dicen los marineros que viajan conmigo
que soy un tipo agrio, intratable y malvado,
que odio a las mujeres de una manera ruin
y que yo nunca suelo acostarme con ellas.

Y aún dicen más, que tomo hachís y cocaína,
que una pasión terrible me tiene poseído,
que tengo el cuerpo lleno de horribles tatuajes,
extraños y angustiosos, con los que estoy marcado.

Y aún dicen otras cosas peores, muchas más,
que, sin embargo, son mentiras e invenciones.
Pues lo que de verdad me marcó mortalmente,
no lo ha sabido nadie, a nadie dije nada.

Pero ahora que ha caído la tarde tropical
y huyen hacia el oeste aquellos marabús
hay algo que me incita a poner por escrito
aquel suceso oculto que siempre silencié.

Yo fui una vez grumete en un barco correo
que llevaba las cartas de Egipto al sur de Francia.
Entonces conocí a mi flor de los Alpes
y nos ligó una estrecha amistad fraternal.

Era aristocrática, ligera y melancólica,
hija de un rico egipcio que un día se mató.
Viajaba sus penas hacia tierras lejanas
–acaso allí sucede que las penas se olviden–.

Solía llevar con ella el Journal de Bashkirtsev,(ii)
o leía con ardor a la santa de Ávila.
A veces recitaba tristes versos franceses
y se quedaba horas mirando el mar azul.

Yo sólo conocía los cuerpos de las putas
–tenía un alma abúlica herida por la mar–,
ante ella recobré la gracia de la infancia
y en éxtasis le oía hablar como un profeta.

Le puse un día al cuello una pequeña cruz
y ella me regaló una hermosa cartera.
Me sentí desdichado, el más triste del mundo
cuando un día llegamos al fin a su destino.

Muchas veces pensé en ella al navegar
como mi baluarte, como mi ángel guardián,
y su foto en el puente para mí era un oasis
que uno hubiera encontrado en medio del desierto.

Creo que debería ya detenerme aquí,
tiembla mi mano, el aire caliente me fustiga.
Las flores tropicales apestan en el río
y allá a lo lejos grazna un torpe marabú.

¡He de seguir!... Un día en un puerto extranjero
me emborraché con whisky, ginebra y con cerveza,
y sobre medianoche, tropezando pesado,
me dirigí a las casas sucias de las perdidas.

Allí sórdidas hembras arrastran a los hombres
y de repente una me arrebató el sombrero
–viejo hábito francés del barrio de las putas–
y casi sin quererlo entonces la seguí.

Era un cuartito oscuro, tan sucio como todos,
a pedazos caía la cal de las paredes.
Ella, un andrajo humano que hablaba roncamente
con los ojos oscuros, negros y endemoniados.

Le dije que apagara la luz. Caímos juntos.
Mis dedos recorrieron sus huesudas costillas.
Hedía a absenta. Desperté, que dicen los poetas,
“cuando la aurora extiende sus pétalos de rosa.”(iii)

Cuando le vi la cara con las primeras luces
me pareció tan digna de lástima y maldita,
que con extraño horror, como si me aterrase,
me saqué la cartera veloz para pagarle.

Doce francos franceses... y lanzó un alarido
y vi que me miraba con sus ojos salvajes
y también mi cartera... pero yo me quedé
con la mirada inmóvil en la cruz de su cuello.

Olvidé mi sombrero, como un loco corrí,
un loco que vacila y que se tambalea,
pues llevaba en la sangre la horrible enfermedad
que juega con mi cuerpo y aún hoy lo tortura.

Dicen los marineros que viajan conmigo
que hace mucho tiempo que no veo a mujer
que soy pellejo viejo, que tomo cocaína,
mas si ellos lo supieran me compadecerían...

La mano tiembla... fiebre... He olvidado mucho.
En la ribera veo un marabú muy quieto,
y mientras él me mira a su vez insistente,
nos parecemos –creo–: estúpidos y solos.



Nagel el timonel


A N. Rando

Nagel Harbor, timonel noruego en Colombo,
después de viajar como siempre en un barco
que partió hacia un lejano puerto desconocido,
desembarcó en su barca pesado, pensativo,
con sus manos robustas cruzadas sobre el pecho,
fumando en una vieja pipa amasada en barro,
mientras hablaba sólo, en una lengua nórdica.
Marchó apenas se fueron los barcos de su vista.

Nagel Harbor, capitán de navíos mercantes,
al mundo entero dio la vuelta, pero un día,
cansado, se quedó de timonel en Colombo.
Pero siempre pensaba en su país lejano
y en las islas Lofoten pobladas de leyendas.
Y, sin embargo, un día se murió en su cabina
cuando escoltaba en puerto al Steamer Tank “Fjord Folden”
que hacia las islas Lofoten partía humeante...



El mono de un puerto en el Ïndico



Una vez, en un puerto del Índico lejano,
le cambié una corbata polícroma de seda
a un cierto marroquí por un pequeño mono
de ojos grises, oscuros y llenos de malicia.

Mordía una gran pipa en sus labios el mono
y sólo la soltaba cuando quería exhalar
un humo denso que, según el vendedor,
era opio que fumaba desde que era pequeño.

Al principio tan sólo vomitaba en la proa
y me miraba triste y en completo silencio.
Pero al pasar el tiempo, él solo vino a mí
y se pasaba horas sentado sobre mi hombro.

Si me tocaba guardia nocturna en la cabina
y el tormento del sueño me horadaba los ojos,
se quedaba sombrío tiritando en mi hombro
y muy serio miraba la brújula conmigo.

Le compraba en los puertos plátanos y bombones
y en tierra le llevaba con una cadenita,
nos sentábamos juntos, bebíamos en los bares
hasta que ya borrachos volvíamos al barco.

No se enfadaba nunca, me mostraba su amor,
y ni una vez tan sólo escuché sus gruñidos.
Parecía habituado a esta vida y a mí,
y yo me hice a él como a una persona.

Pero una vez que andaba absorto junto a él,
se escapó de mis manos y se marchó feliz.
Tenía una gran virtud: sabía guardar silencio
y de mujer tenía su innoble corazón.



ΜΑΡΑΜΠΟΥ



Λένε για μένα οι ναυτικοί που εζήσαμε μαζί
πως είμαι κακοτράχαλο τομάρι διεστραμμένο,
πως τις γυναίκες με ένα τρόπον ύπουλο μισώ
κι ότι μ’ αυτές να κοιμηθώ ποτέ δεν πηγαίνω.

Ακόμα, λένε πως τραβώ χασίσι και κοκό,
πως κάποιο πάθος με κρατεί φριχτό και σιχαμένο,
κι ολόκληρο έχω το κορμί με ζωγραφιές αισχρές,
σιχαμερά παράξενες, βαθιά στιγματισμένο.

Ακόμα , λένε πράγματα φριχτά πάρα πολύ,
που είν’ όμως ψέματα χοντρά και κατασκευασμένα,
κι αυτό που εστοίχισε σε με πληγές θανατερές
κανείς δεν το ‘μαθε, γιατί δεν το ‘πα σε κανένα.

Μ’ απόψε, τώρα που έπεσεν η τροπική βραδιά,
και φεύγουν προς τα δυτικά των Μαραμπού τα σμήνη,
κάτι με σπρώχνει επίμονα να γράψω στο χαρτί,
εκείνο, που παντοτινή κρυφή πληγή μου εγίνη.

‘Hμουνα τότε δόκιμος σ’ ένα λαμπρό ποστάλ
και ταξιδεύαμε Αίγυπτο γραμμή Νότιο Γαλλία.
Τότε τη γνώρισα – σαν άνθος έμοιαζε αλπικό –
και μια στενή μας έδεσεν αδελφική φιλία.

Αριστοκρατική, λεπτή και μελαγχολική,
κόρη ενός πλούσιου Αιγύπτιου οπού ‘χε αυτοκτονήσει,
ταξίδευε τη λύπη της σε χώρες μακρινές,
μήπως εκεί γινότανε να τηνε λησμονήσει.

Πάντα σχεδόν της Μπασκιρτσέφ κρατούσε το Ζουρνάλ,
και την Αγία της ‘Aβιλας παράφορα αγαπούσε,
συχνά στοίχους απάγγελνε θλιμμένους γαλλικούς,
κι ώρες πολλές προς τη γαλάζιαν έκταση εκοιτούσε.

Κι εγώ, που μόνο εταίρων εγνώριζα κορμιά,
κι είχα μιαν άβουλη ψυχή δαρμένη απ’ τα πελάη,
μπροστά της εξανάβρισκα την παιδική χαρά
και, σαν προφήτη, εκστατικός την άκουα να μιλάει.

‘Ενα μικρό της πέρασα σταυρόν απ’ τον λαιμό
κι εκείνη μου χάρισε ένα μεγάλο πορτοφόλι
κι ήμουν ο πιο δυστυχισμένος άνθρωπος της γης,
όταν εφθάσαμε σ’αυτήν που θα ‘φευγε, την πόλη.

Την εσκεφτόμουν πολλές φορές στα φορτηγά,
ως ένα παραστάτη μου κι άγγελο φύλακά μου,
και μια φωτογραφία της στην πλώρη ήταν για με
όαση, που ένας συναντά μες στην καρδιά της ‘Αμμου.

Νομίζω πως θε να ‘πρεπε να σταματήσω εδώ.
Τρέμει το χέρι μου, ο θερμός αγέρας με φλογίζει.
Κάτι άνθη εξαίσια τροπικά του ποταμού βρωμούν,
Κι ένα βλακώδες Μαραμπού παράμερα γρυλίζει.

Θα προχωρήσω!... Μια βραδιά σε πόρτο ξενικό
είχα μεθύσει τρομερά με ουίσκυ, τζιν και μπύρα,
και κατά τα μεσάνυχτα, τρικλίζοντας βαριά,
το δρόμο προς τα βρωμερά, χαμένα σπίτια επήρα.

Αισχρές γυναίκες τράβαγαν εκεί τους ναυτικούς,
κάποια μ’ άρπαξ’ απότομα, γελώντας, το καπέλο
(παλιά συνήθεια γαλλική του δρόμου των πορνών)
κι εγώ την ακολούθησα σχεδόν χωρίς να θέλω.

Μια κάμαρα στενή, μικρή, σαν όλες βρωμερή,
οι ασβέστες απ’ τους τοίχους της επέφτανε κομμάτια,
κι αυτή ράκος ανθρώπινο που εμίλαγε βραχνά,
με σκοτεινά, παράξενα, δαιμονισμένα μάτια.

Της είπα κι έσβησε το φως. Επέσαμε μαζί.
Τα δάχτυλά μου καθαρά μέτρααν τα κόκαλά της.
Βρωμούσε αψέντι. Εξύπνησα, ως λένε οι ποιητές,
«μόλις εσκόρπιζεν η αυγή τα ροδοπέταλά της».

‘Ηταν την είδα και στο φως τ’ αχνό το πρωινό,
μου φάνηκε λυπητερή, μα κολασμένη τόσο,
που μ’ ένα δέος αλλόκοτο, σα να ‘χα φοβηθεί,
το πορτοφόλι μου έβγαλα γοργά να την πληρώσω.

_ώδεκα φράγκα γαλλικά ... Μα έβγαλε μια φωνή,
κι είδα μια εμένα να κοιτά με μάτι αγριεμένο,
και μια το πορτοφόλι μου... Μ’ απόμεινα κι εγώ
ένα σταυρόν απάνω της σαν είδα κρεμασμένο.

Ξεχνώντας το καπέλο μου βγήκα σαν τον τρελό,
σαν το τρελό που αδιάκοπα τρικλίζει και χαζεύει,
φέρνοντας μέσα στο αίμα μου μια αρρώστια τρομερή,
που ακόμα βασανιστικά το σώμα μου παιδεύει.

Λένε για μένα οι ναυτικοί που εκάμαμε μαζί
πως χρόνια τώρα με γυναίκα εγώ δεν έχω πέσει,
πως είμαι παλιοτόμαρο και πως τραβάω κοκό.
Μ’ αν ήξεραν οι δύστυχοι, θα με είχαν συγχωρέσει...

Το χέρι τρέμει... Ο πυρετός ... Ξεχάστηκα πολύ,
ασάλευτο ένα Μαραμπού στην όχθη να κοιτάξω,
Κι έτσι και καθώς επίμονα κι εκείνο με κοιτά,
νομίζω πως στη μοναξιά και στη βλακεία του μοιάζω...



Ο ΠΙΛΟΤΟΣ ΝΑΓΚΕΛ

Στον ποιητή Ν. Ράντο


Ο Νάγκελ Χάρμπορ, Νορβηγός πιλότος στο Κολόμπο,
άμα έδινε κανονική πορεία στα καράβια
που φεύγαν για άγνωστους και μακρινούς λιμένες,
κατέβαινε στη βάρκα του βαρύς, συλλογισμένος,
με τα χοντρά τα χέρια του στο στήθος σταυρωμένα,
καπνίζοντας ένα παλιό χωμάτινο τσιμπούκι,
και σε μια γλώσσα βορινή σιγά μονολογώντας
έφευγε μόλις χάνονταν ολότελα τα πλοία.

Ο Νάγκελ Χάρμπορ, πλοίαρχος σε φορτηγά καράβια,
αφού τον κόσμο γύρισεν ολόκληρο, μια μέρα
κουράστηκε κι απόμεινε πιλότος στο Κολόμπο.
Μα πάντα συλλογιζόταν τη μακρινή του χώρα
και τα νησιά που ‘ναι γεμάτα θρύλους, τα Λοφούτεν.
Όμως μια μέρα επέθανε στην πιλοτίνα μέσα
Ξάφνου σαν ξεπροβόδισεν το Steamer Tank « Fjord Folden »
όπου έφευγε καπνίζοντας για τα νησιά Λοφούτεν...



Η ΜΑΪΜΟΥ ΤΟΥ ΙΝ_ΙΚΟΥ ΛΙΜΑΝΙΟΥ



Κάποτε σ’ ένα μακρινό λιμάνι του Ινδικού,
δίνοντας μια πολύχρωμη μεταξωτή γραβάτα
σ’ ένα αράπη, μιαν μικρή αγόρασα μαϊμού
με μάτια γκρίζα, σκοτεινά και πονηρία γεμάτα.

Ένα τσιμπούκι δάγκωνε στο στόμα της χοντρό
και το ‘βγαζε όταν ήθελε μονάχα να φυσήσει
έναν καπνό πολύ βαρύ, που, ως μου ‘πε ο πωλητής,
ήταν οπίου, που από μικρή την είχε συνηθίσει.

Τις πρώτες μέρες μοναχή στης πλώρης μια γωνιά ,
ξερνούσε και με κοίταζε βουβή και λυπημένη,
μα σαν επέρασε καιρός, ερχόταν μοναχή
κι ώρες πολλές στον ώμο μου ξεχνιόταν καθισμένη.

Όταν στη γέφυρα έκανα τη βάρδια της νυχτός
κι η νύστα βασανιστικά τα μάτια μου ετρυπούσε,
στον ώμο κρυώνοντας στεκόταν σκυθρωπή
και σοβαρά μαζί μ’ εμέ τον μπούσουλα εκοιτούσε.


Στα πόρτα της αγόραζα μπανάνες και γλυκά
κι έξω με μι’ άλυσο μικρή την έβγαζα δεμένη
κι αφού σ’όλα καθόμαστε και επίναμε τα μπαρ,
στο φορτηγό γυρίζαμε κι οι δυο μας μεθυσμένοι.

_ε θύμωνε και μου ‘δειχνε πολύ πως μ’αγαπά,
ούτε κακά την άκουσα ποτέ να μου γρυλίσει.
Φαινόταν πως συνήθισε τις κακουχίες και εμέ,
Κι εγώ σαν άνθρωπο την είχα συνηθίσει.

Κάποια φορά που επήγαινα μαζί της σκεφτικός
εξέφυγ' απ’ τα χέρια μου χαρούμενη και πάει.
Είχε προτέρημα πολύ μεγάλο: να σιωπάει.
Μα κάτι είχε απ΄την ύπουλη καρδιά της γυναικός.


i El marabú es un pájaro tropical. Es el pájaro triste y maldito que elige el joven poeta
para simbolizarse a sí mismo: de hecho, ha sido una especie de pseudónimo por que fue
conocido. Puede encontrarse un paralelo en el “Albatros” de Baudelaire en Las flores
del mal “Spleen e ideal”.

iiMarie Bashkirtseff: se refiere a Marija Konstantinovna Bashkirtseva, pintora, escritora
y mezzosoprano rusa, nacida en 1858 en Ucrania, vivió exiliada en Francia y murió en
París antes de cumplir veintiséis años, en 1884. Feminista avant la lettre, en la Riviera
francesa comienza a escribir su Journal a los catorce años: un diario personal que llevó
durante toda su vida y que se publicó tras su muerte. Decía en sus páginas: “Si no vivo
lo suficiente para ser reconocida, este diario interesará a los naturalistas; siempre es
curiosa la vida de una mujer en su día a día, sin afectación, como si nadie en el mundo
debiera jamás leerla y al mismo tiempo con la intención de ser leída; estoy segura de
que me encontrarán simpática... y digo todo. Si no, ¿para qué? Por lo demás, verán bien
que digo todo...”. Hay una traducción española de su diario: Marie Bashkirtseff, Diario
de mi vida, Trad: Bettina Pla, CEAL, 1977.

iii Expresión homérica algo cambiada. “La aurora de rosados dedos” o de “túnica
azafranada” es un tópico literario para el amanecer desde la poesía épica griega hasta
nuestros días (p.e. Ilíada I 477, etc. Cf. Homero, Ilíada, Biblioteca Básica Gredos,
Madrid 2000, pág. 16).




Nicos Cavadías
NICOS CAVADÍAS (NIKOS KAVVADÍAS) 
(1910, Nikolsk-Ussuriysky, Rusia / 1975, Atenas, Grecia) 
Traducción y notas: David Hernández de la Fuente
Fuente: Universidad Carlos III de Madrid, 



mayo 29, 2020

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Sandra Cornejo

Dos mujeres 



En un poema conocí una mujer.
Escribía acerca de un camino perdido 
en la colina.
Dos personas reencontradas.
Leves, subterráneas. Anochecidas ambas.
No era un poema feliz. Sí pleno. 
Escrito en italiano, la lengua del amor. 
¿O de la religión? Bien no recuerdo.
Dos personas, una en la otra,
sentadas a distancia prudente, frente a frente.
Reunidas en la casa de mar y de campiña.
Un diálogo de gestos. De memorias.

Pensé que en el poema, como en la vida, 
por un instante,
reconocemos a los nuestros
para despedirnos,
invariablemente, 
luego.
La poeta, supe después, 
vive en Calabria. En un templo.
Pinta iconos ahí. 
Absorta en sus rituales diarios
y sagrados.
Lejos y a resguardo de lo que, para nosotros, es el mundo.

                                                                                                         (A Mirella Muià)


Sandra Cornejo
De: "Corteza", Prueba de Galera, 2019
Otro poema de SANDRA CORNEJO, aquí



mayo 27, 2020

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Nadia Adina Rose

Séptimo piso



Nací en el séptimo piso
El cielo azul frente a mí
contenía todos los granos del tiempo
como un reloj de arena al que no dieron vuelta.
A veces los aviones cruzaban
el cielo y goteaban
papilla a su paso.
Mamá decía abrir la boca.
 Por el alféizar de la ventana los pájaros se paseaban.
Sus huellas en forma de letra ש eran la mezuzá
que el viento besaba
al entrar.
Lejos, abajo, se desplegaba
la toga de la tierra.
Yo extendía mis brazos
parar ensartarlos en sus mangas.
קומה שבע
נולדתי בקומה שבע. הרקיע הכחול מולי החזיק את כל גרגירי הזמן כשעון חול ששכחו להפוך. לפעמים מטוסים חצו את השמים מטפטפים דייסה בדרכם. אימא אמרה לפתוח פה. על אדן החלון התהלכו ציפורים. עקבותיהן דמויות השין היו מזוזה לרוח הנשק אותה בדרכו פנימה. הרחק למטה השתרעה גלימת האדמה. פרשתי ידיים להשחיל בשרווליה.

NADIA ADINA ROSE
NADIA ADINA ROSE
(1967, Moscú, Rusia)

Nadia Adina Rose es una poeta y artista israelí que nació en Moscú y ha vivido en Israel desde la edad de 22 años. Rose se graduó de la escuela de arte en Moscú; recibió un BFA de la Academia Bezalel de Arte y Diseño en Jerusalén, y una maestría en Arte de Beit Berl College. Artista multidisciplinaria y poeta, esculpe, pinta, ilustra libros y enseña arte. Su primer libro de poesía, "Snow Ink" , recibió el Premio del Ministro de Cultura de Israel por poetas de debut. Su libro para niños, Y luego "El rinoceronte comenzó a volar" , ha sido traducido al portugués y al alemán. La poeta ha ilustrado más de una docena de libros hebreos y participó en una veintena de exhibiciones en galerías.(En Poetry International)
Enlace: Adam Gai / A lo largo
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J.D. SALINGER: Un día perfecto para el pez plátano


      En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.

mayo 25, 2020

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Arun Kolatkar

Buen provecho



Le deseo buen provecho
a la vieja y frágil pescadora

(menuda,
no es más que un simple

paquete de huesos,
aligerado con los años,

y atrapado
en una red de arrugas)

que, camino al mercado,
se ha parado

a desayunar de un pronto
en un chiringuito de té,

y está sentada encorvada
sobre un guiso de chícharos

– su plato preferido –
en una mesa tambaleante,

partiendo un trozo de pan
con sus garras filosas

para mojarlo en la salsa ligera
salpicada de chiles rojos,

y que en este mismo momento,
apuesto, tiene la boca aguada

ya que casi puedo sentir
su saliva

en mi boca.


Arun KolatkarARUN KOLATKAR
(1932, Kolhapur / 2004, Pune, India)
De:" Kala Godha / Poemas de Bombay", Kriller71 Ediciones, 2020
Enlace: Círculo de Poesía








mayo 21, 2020

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Cecilia Pérez: Estamos a 181 kilómetros, uno del otro.


 I



Un germen de escritura. La etimología de la palabra extrañar.
La abeja que digiere las veces necesarias y da lo dulce, aquello que pudo arrancar de la amargura.
Perder el vientre no es poca cosa.
Un amante es cosa fácil, se come con él, se bebe. Lo difícil es el tiempo: 
alimentar el fuego como se alimenta de notas el in crescendo de una melodía improvisada.
Nos amábamos y ninguno se alarmaba de escucharse decir: te quiero comer.
Si no tuvieras la piel, te chuparía los huesos y las venas.
Bebería tu sangre.
No sé qué vamos a comer. No quiero cocinar para vos.
La etimología de la palabra extrañar: echar en falta algo
que formaba parte de nosotros.
No todo lo que comemos llega a formar parte. Mucho de ello sí.
De ahí el sentido de la evisceración.
Las reglas del buen gusto recomiendan
comer el animal eviscerado.



II



Una axioma desde donde escribir:
estamos a 181 kilómetros, uno
del otro.
La cábala dice equilibrio y renovación
pero yo sueño con un niño rubio y frágil
que no puede contener la orina y me pide
que lo ayude.
Leo tu mensaje de que te sentís muy solo
a veces
y  a una fotógrafa rusa que cambia 
la ciudad
por la absoluta soledad de un monte:
espera fotografiar la irisación de 
las nubes.
No estoy sola
unas cinco o seis moscas rondan 
sin pausa mi cabeza y realmente
quisiera que se vayan.


Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ
(Catriel, Provincia de Río Negro, Argentina. Reside en Neuquén)











mayo 19, 2020

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Marie Howe: Acurrucada atrás en cualquier taxi

Oración



Alguien o algo se inclina cerca mío
y trata de contarme la única historia cierta de mi vida:
una nota,
baja como un bombo, tocada una y otra vez:
empieza el verano,
y el hombre que amo ha olvidado mi olor
mi manera de gemir cuando me tocaba, mi risa
cuando me alzaba,
riendo, para acostarme
entre los narcisos desparramados sobre la mesa.
Y Jane está muerta,
y yo quiero ir donde ella fue,
donde fue mi hermano.
Quienquiera que sea el que me susurraba
cuando yo era una niña en la cama de mi padre
ha regresado y no puedo dejar de escuchar:
Así es,
así fue y así será—
golpeada una y otra vez—aterrada en las esquinas,
acurrucada atrás en cualquier taxi,
temerosa de gritar en medio del tráfico y que nadie me reconozca
o sepa donde llevarme.
Hay, casi recuerdo,
otra historia:
corre junto a esta como un arroyo junto a un tren.
Los gorriones la conocen; la hierba crece con ella.
El viento sopla a través de las ramas más altas
y parece no herirlas.
Dime.
¿Quién era yo cuando pronunciaba tu nombre?



Prayer



Someone or something is leaning close to me now
trying to tell me the one true story of my life:
one note,
low as a bass drum, beaten over and over:
It’s beginning summer,
and the man I love has forgotten my smell
the cries I made when he touched me, and my laughter
when he picked me up
and carried me, still laughing, and laid me down,
among the scattered daffodils on the dining room table.
And Jane is dead,
and I want to go where she went,
where my brother went,
and whoever it is that whispered to me
when I was a child in my father’s bed is come back now:
and I can’t stop hearing:
This is the way it is,
the way it always was and will be —
beaten over and over — panicking on street corners,
or crouched in the back of taxicabs,
afraid I’ll cry out in jammed traffic, and no one will know me or
know where to bring me.
There is, I almost remember,
another story:
It runs alongside this one like a brook inside a train.
The sparrows know it; the grass rises with it.
The wind moves through the highest tree branches without
seeming to hurt them.
Tell me.
Who was I when I used to call your name?


Marie Howe
De: "What the living do", WW Norton, 1999
Traducción: Mori Ponsowy
Otros poemas de MARIE HOWEaquí











mayo 17, 2020

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Maxi Senkiw, un poema inédito


Manto sin desembocadura
es la ciénaga que en el sedimento añoso que la nutre
innumerables asuntos resguarda
bajo el espejo opaco de la superficie

Vida densa
la de la ciénaga
con su aro ambivalente de destrucción y verde crudo fiel
amortigua las crecidas
abre los brazos
cuando el vendaval le dona algo de su riqueza inmensa
ciénaga de entonación heroica
a la que van a morir las corrientes salvajemente puras

¿Dónde?
¿a qué poder del mundo le debe su fiereza, su seducción?
para que los hombres pisen su orilla
fuerte respiren en el bautismo de las aguas bajas
luego emerjan del baño sagrado
con un tarascón de serpiente estrellada

Que sea la ciénaga la fuente de todo principio
para que aquellos hombres áspidmarcados
con su insistencia sumergible
purifiquen primero al charco
abran después un canal
y enlacen la ciénaga con el río y más tarde con el mar


De: "La antorcha infinita", próximo a editarse


Maxi Senkiw
MAXI SENKIW
(1982, Buenos Aires, Argentina)

Periodista, poeta y músico. Nació en Buenos Aires. Se ha desempeñado en distintos medios radiales y gráficos. Por su labor periodística obtuvo, entre otros reconocimientos, el premio Eter en la categoría “Música en radio”. Sus poemas, reseñas y ensayos vinculados al campo cultural fueron incluidos en revistas, libros y portales web. Alción Editora publicó en 2018 su poemario Pampa pop, junto a una serie de videos y canciones creadas a partir de los textos que integran el material 
https://www.youtube.com/channel/UCi_vH33h4CZwc0fNbOGtzaA/videos (En Excéntrica)

mayo 13, 2020

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Billy Collins: La entrelazada cuerda de la sintaxis

Líneas perdidas entre los árboles



Estas no son las líneas que vinieron hacia mí
mientras caminaba por el bosque
 sin llevar nada con qué escribir
y nada donde escribir.

Se han ido para siempre,
manojo de monedas
que cayeron por la rejilla de la memoria,
junto con la nemotecnia ingeniosa

que yo ideaba para ponerlas en su sitio—
todas se fueron y a todas olividé
antes de que hubiera regresado al césped
en el fondo de nuestra casa silenciosa

con sus jarras repletas de bolígrafos,
sus libretas de notas y las resmas de papel en blanco,
su escritorio y lámpara suave,
su mesa y la luz desde sus ventanas.

Por lo tanto, esta es mi elegía a ellas,
esas seis u ocho exhalaciones,
la entrelazada cuerda de la sintaxis,
el jazz de la cadencia,

y la pequeña intuición al final
que se menea como la cola corta
de un perrito de obediencia perfecta,
sentado junto a la puerta.

Esta es mi envío a la nada
en el que digo, Vete, poema breve--
no al mundo de ojos extraños,
sino a algún limbo en el aire,

hogar de cantos épicos perdidos,
nombres no recordados
y sueños fugitivos
como el que tuve anoche,

el que, como una ciudad fantástica hecha a lápiz,
se borró a sí mismo
en el aire de la mañana clara
justo cuando me despertaba.



Lines Lost among Trees



These are not the lines that came to me
while walking in the woods
with no pen
and nothing to write on anyway.

They are gone forever,
a handful of coins
dropped through the grate of memory,
along with the ingenious mnemonic

I devised to hold them in place-
all gone and forgotten
before I had returned to the clearing of lawn
in back of our quiet house

with its jars jammed with pens,
its notebooks and reams of blank paper,
its desk and soft lamp,
its table and the light from its windows.

So this is my elegy for them,
those six or eight exhalations,
the braided rope of syntax,
the jazz of the timing,

and the little insight at the end
wagging like the short tail
of a perfectly obedient spaniel
sitting by the door.

This is my envoy to nothing
where I say Go, little poem-
not out into the world of strangers’ eyes,
but off to some airy limbo,

home to lost epics,
unremembered names,
and fugitive dreams
such as the one I had last night,

which, like a fantastic city in pencil,
erased itself
in the bright morning air
just as I was waking up.


Billy Collins
Otros poemas de BILLY COLLINS, aquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: Vineyard Gazzette










mayo 09, 2020

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José Emilio Tallarico

José Emilio Tallarico


Espejos



Debería acudir más a los espejos,
confiar más en su capacidad
de exhibir esos espacios fabulosos
donde habitan las emanaciones de la luz
y los pertrechos de la sombra.
Una mueca procaz, un monólogo magro
es cuanto puedo concederles,
ellos replican con el paso
de un hombre desvelado en su noche de libros.
Hay un espejo que enmarqué al amparo
de un bricolage compulsivo, está en el living.
Otro, muy pequeño, lo compré porque tenía
una imagen de Lennon que parecía un holograma.
Casi nunca los toco.
Será que ya nos precisamos menos.
La mano está más cerca del saludo nostálgico
que de procurarles brillo.
También la época hizo lo suyo para crear opacidad
y tal vez sea bueno ahora negociar
un saludable desapego.
Redefinir ecos, formas y hechizos.
No sin culpas, claro.


mayo 07, 2020

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Yahya Hassan

Fuera de la puerta



yo estaba en el guardarropa con un buñuelo  de manzana en la mano
aprendiendo a atar los cordones de los zapatos en silencio
naranjas adornadas con clavos de olor y cinta roja
colgaban del techo como muñecos de vudú perforados
así es como recuerdo la guardería
los otros se alegraban de que iba a venir papá noel
pero yo le tenía tanto miedo como a mi padre



El príncipe árabe



a los pequeños príncipes se les deja hacer todo
de pronto no les dejan hacer una mierda
y después reciben una paliza
cuando termino la escuela
o me mandan a casa expulsado
me sigue el gato negro del cura
camino con la pesada mochila a la espalda
sé lo que va a pasar cuando llegue a casa
no aguanto un gato pegado a los talones
me vuelvo pero qué entiende un gato
lo cojo del rabo
le doy vueltas y lo lanzo a un seto
el príncipe árabe
no es necesariamente el primogénito
pero es el primero que recibe un bofetón cuando padre vuelve del trabajo


YAHYA HASSAN
YAHYA HASSAN
(1995 / 2020, Aarhus, Dinamarca)
Traducción Francisco J Uriz
Fuente: Suma de Letras, 2014
Enlace: ABC Cultura | La información
Imagen: Frettabladid

"Yahya Hassan nació en 1995 en el seno de una familia de palestinos que emigraron desde un campo de refugiados a Dinamarca en los 80. A los 13 años abandonó el colegio, después de que una infancia marcada por el miedo y la violencia le empujara a delinquir y a llevar una vida al borde de la marginalidad. Tras reiteradas acciones criminales, entró en Solhaven, un internado denunciado en 2011 por ejercer la violencia contra algunos de los jóvenes. Hassan desarrolló por sí mismo el amor a la literatura, entre sus referentes, él mismo ha citado a Dostoyevsky, Michael Strunge y Stieg Larsson. Poco después de empezar a escribir, sus textos llamaron la atención de una de sus profesoras, la escritora Louise Østergaard. Aquello desembocó en una relación que inspiró la primera novela de ella y algunos de los poemas de él. Cuando salió del centro de menores, Hassan volvió a delinquir, pero siguió escribiendo y logró entrar en la universidad. La historia de Hassan y su poesía han sido objeto de atención de la prensa de todo el mundo independientemente de su línea editorial, desde el periódico inglés The Guardian hasta el estadounidense The Wall Street Journal." En Hoy es Arte

mayo 05, 2020

mayo 01, 2020

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Eavan Bonland, otro poema


Y alma



Mi madre murió un verano—
el más húmedo según los registros del estado.
Las cosechas se podrían en el oeste.
Los manteles a cuadros se disolvían en los jardines traseros.
Las reposeras vacías acumulaban agua de lluvia.
Mientras iba hacia ella
a través del tránsito, a través de las lilas que goteaban turbias
detrás de las casas
y en las veredas,  para brindarle
el último homenaje de una hija, pensé en algo
que recordé
haber oído una vez, que el cuerpo es, o
dicen que es, casi todo
agua y mientras giraba hacia el sur, que la nuestra es
una ciudad de eso,
una en la que
cada día los elementos comienzan
un viaje hacia otro que jamás,
debido al clima,
falla—
            el océano visible en los bordes que lo delimitan,
color de nube alcanzando el aire,
con el Liffey almacenando uno y emplazando al otro,
la sal recibiendo en el North Wall la falta de aquello y,
como si esto no fuera suficiente, todo ello
terminando casi todas las tardes
en nuestro discurso—
costa   canal océano río corriente y ahora
madre y seguí manejando y aunque
la mente no es confiable cuando sufre, en
el próximo aguacero casi parecías
que podían ser las sombras uno del otro,
el modo en que el cuerpo es
de cada uno de ellos y ahora
ellos estaban otra vez en marcha— niebla en neblina,
neblina en bruma de mar y ambas en el esmalte aceitoso
que reposa en las barandas de
la casa donde ella se moría
a medida que yo entraba.

                                                           
Eavan Boland, Dublin, 1944
de Domestic Violence, W.W. Norton & Company, Inc., 2007
versión © Silvia Camerotto



And Soul



My mother died one summer—
the wettest in the records of the state.
Crops rotted in the west.
Checked tablecloths dissolved in back gardens.
Empty deck chairs collected rain.
As I took my way to her
through traffic, through lilacs dripping blackly
behind houses
and on curbsides, to pay her
the last tribute of a daughter, I thought of something
I remembered
I heard once, that the body is, or is
said to be, almost all
water and as I turned southward, that ours is
a city of it,
one in which
every single day the elements begin
a journey towards each other that will never,
given our weather,
fail—
       the ocean visible in the edges cut by it,
cloud color reaching into air,
the Liffey storing one and summoning the other,
salt greeting the lack of it at the North Wall and,
as if that wasn't enough, all of it
ending up almost every evening
inside our speech—
coast canal ocean river stream and now
mother and I drove on and although
the mind is unreliable in grief, at
the next cloudburst it almost seemed
they could be shades of each other,
the way the body is
of every one of them and now
they were on the move again—fog into mist,
mist into sea spray and both into the oily glaze
that lay on the railings of
the house she was dying in
as I went inside.


Otro poema de EAVAN BONLAND, aquí
Imagen: Irish Examiner









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Eavan Boland

La granada



La única leyenda que me ha gustado es
la historia de una hija perdida en el infierno.
Y allí encontrada y rescatada.
Amor y chantaje son la clave de esta historia.
Ceres y Perséfone los nombres.
Y lo mejor de la leyenda es
que puedo aplicarla a cualquier cosa. Y la aplico.
La leí por vez primera
cuando era niña en el exilio de
una ciudad con nieblas y extrañas consonantes,
y al principio yo era
una niña expatriada en el crujiente crepúsculo
del mundo subterráneo donde las estrellas se anublaban. Después
una noche de verano salí
a buscar a mi hija para meterla en la cama.
Cuando por fin llegó corriendo, yo estaba dispuesta
a hacer cualquier cosa para conservarla.
La llevé conmigo a través de las campanillas
y las avispas y las almibaradas buddleias.
Pero entonces yo era Ceres y sabía
que, en aquel camino, a cada hoja de cada árbol
le llegaría el invierno.
Que era ineludible para cuantos por él pasáramos.
Y también para mí.
Es invierno
y están ocultas las estrellas.
Subo las escaleras y me paro donde puedo ver
a mi hija dormida junto a sus tebeos,
su bote de Coca, su plato de fruta intacta.
¡La granada! ¿Cómo pude olvidarla?
Habría podido regresar a casa y ponerse a salvo y así
terminar la historia y toda nuestra
descorazonadora búsqueda, pero extendió su mano
y tomó una granada.
Alargó su mano y arrancó
el sonido francés de manzana y
el ruido de una piedra y la prueba
de que incluso en el reino de la muerte,
en el corazón de la leyenda, en medio
de las rocas llenas de lágrimas no derramadas
dispuestas a transformarse en diamantes
cuando alguien contara su historia, una niña puede
sentir hambre. Podría prevenirla. Todavía queda una
oportunidad.
La lluvia es fría. El camino agrisado.
El barrio tiene coches y televisión por cable.
Las veladas estrellas vacilan sobre el suelo.
Es otro mundo. Pero ¿qué otra cosa
puede dar una madre a su hija sino
estas hermosas rendijas de tiempo?
Si retraso la pena disminuyo la ofrenda.
Suya será la leyenda como lo fue mía
Entrará en ella como lo hice yo.
Despertará. Tomará en su mano
la acartonada, enrojecida cáscara.
La acercará a sus labios. Y yo no diré nada.



The pomegranate



The only legend I have ever loved is
the story of a daughter lost in hell.
And found and rescued there.
Love and blackmail are the gist of it.
Ceres and Persephone the names.
And the best thing about the legend is
I can enter it anywhere. And have.
As a child in exile in
a city of fogs and strange consonants,
I read it first and at first I was
an exiled child in the crackling dusk of
the underworld, the stars blighted. Later
I walked out in a summer twilight
searching for my daughter at bed-time.
When she came running I was ready
to make any bargain to keep her.
I carried her back past whitebeams
and wasps and honey-scented buddleias.
But I was Ceres then and I knew
winter was in store for every leaf
on every tree on that road.
Was inescapable for each one we passed.
And for me.
It is winter
and the stars are hidden.
I climb the stairs and stand where I can see
my child asleep beside her teen magazines,
her can of Coke, her plate of uncut fruit.
The pomegranate! How did I forget it?
She could have come home and been safe
and ended the story and all
our heart-broken searching but she reached
out a hand and plucked a pomegranate.
She put out her hand and pulled down
the French sound for apple and
the noise of stone and the proof
that even in the place of death,
at the heart of legend, in the midst
of rocks full of unshed tears
ready to be diamonds by the time
the story was told, a child can be
hungry. I could warn her. There is still a chance.
The rain is cold. The road is flint-coloured.
The suburb has cars and cable television.
The veiled stars are above ground.
It is another world. But what else
can a mother give her daughter but such
beautiful rifts in time?
If I defer the grief I will diminish the gift.
The legend will be hers as well as mine.
She will enter it. As I have.
She will wake up. She will hold
the papery flushed skin in her hand.
And to her lips. I will say nothing.


Eavan Bonland
EAVAN BOLAND
(1944 / 2020, Dublin, Irlanda)
Traducción: Pilar Salamanca
Fuente: Tuerto Rey
Enlace: de sibilas y pitias | Letras libres | Revista Chubasco en primavera | Ogham








abril 28, 2020

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Marcelo Díaz: El pensamiento regresaría después de varios movimientos concéntricos

Música




No sé por qué pienso en la trayectoria de un cometa
la misma representación;
hace unas horas mi mente se detuvo: sería su trayectoria
a punto de completar su recorrido.
¿Te preguntaste qué te dirías
a vos misma si pudieras observarte a miles de kilómetros
de distancia? O mejor: miles de años luz
a la velocidad de las estrellas  -qué te dirías-
¿Te reconciliaste con el mundo?
¿Cómo se te ocurrió vaciarte así
de todo cuidado? ¿De toda formación sensible?
¿Te reconciliaste al final
con la experiencia sentimental?
¿De quién era la voz que decía:
vamos a permanecer lejos
para encontrarnos en el futuro?
¿Por más que en el porvenir
nuestra esperanza sea del tamaño del corazón
de una manzana
el núcleo invisible de un agujero negro?.
¿En qué te vas a convertir?
Yo haré de mi propio invierno
un fuego demorado
para que más adelante la llama
te toque  en otra vida con la precisión de la luz
cuando en su alumbramiento
atraviesa el espacio y enciende algo parecido a tu voz
pero que no es tu voz sino el eco relegado
en la sombra del universo
lo más parecido a la música de mis sueños
donde lo único que se ilumina es el silencio
¿Lo escuchaste? Vos te vas y regresa
yo parto y vuelve. ¿Se escucha?
Acá voy, acá vas, el efecto de un boomerang
justo en el momento en que la mente se apaga
el pensamiento regresaría
después de varios movimientos concéntricos
la misma idea, la trayectoria del cometa,
una manera de decir, seré como vos
serás como yo,  y el día
en que la circunferencia del astro
nos queme ni siquiera lo ardido
nos sobrevivirá


Marcelo DíazOtros poemas de MARCELO DÍAZaquí












abril 27, 2020

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Jane Kenyon: Podría haber sido de otra manera


De otra manera




Me levanté de la cama
Con dos piernas fuertes.
Podría haber sido
De otra manera. Comí
Cereal, leche
Dulce, un melocotón
Maduro, perfecto. Podría
Haber sido de otra manera.
Llevé el perro cuesta arriba
Al bosque de abedules.
Toda la mañana hice
El trabajo que me gusta.
Al mediodía me acosté
Con mi compañero. Podría
Haber sido de otra manera.
Cenamos juntos
En una mesa con candelabros
De plata. Podría
Haber sido de otra manera.
Dormí en una cama
En una alcoba con cuadros
En la pared
Y planeé otro día
Exactamente igual a éste.
Pero un día, lo sé,
Será de otra manera.



Navidad lejos de casa



Su enfermedad me trajo a Connecticut.
Por las mañanas, yo ando con el perro: esa parte de la vida
está intacto Quién está pintado, quién está aislado
o poner el revestimiento, quién ha quemado el césped
con lima: esas son las noticias en Ardmore Street.
Las hojas del respetable vecino
los rododendros se curvan bajo el frío.
Él ha respaldado el automóvil
a través del nimbo blanco de su escape
y desapareció por el día.
En el hiato entre alcaldes
la ciudad ha dejado hojas en las cunetas,
y los coches que pasan los elevan en maelstroms.
Pasamos la casa dos puertas más abajo, la
con las luces más salvajes del barrio,
un establecimiento sin ironía.
Todo el verano su putto vacía un bote de agua,
su San Francisco alimenta a los pájaros.
Ahora son ángeles, festones, cintura alta
velas y cisnes tirando de trineos.
Doscientas millas al norte dejaría que el perro
corre entre los abedules y la sombra negra de los pinos.
Extraño las colinas, el bosque y la piedra
arroyos, donde el chasquido de las mangas de la chaqueta
contra mi lado parece fuerte, y un cuervo
caga somnoliento al amanecer.
Por ahora, las secuencias deben ejecutarse bajo una máscara
de hielo, burbujas de aire blanco que pasan erráticamente,
como las células sanguíneas a través de una vena. Pronto el correo,
reenviado, comenzará a llegar a mí aquí.



Otherwise



I got out of bed
on two strong legs.
It might have been
otherwise. I ate
cereal, sweet
milk, ripe, flawless
peach. It might
have been otherwise.
I took the dog uphill
to the birch wood.
All morning I did
the work I love.
At noon I lay down
with my mate. It might
have been otherwise.
We ate dinner together
at a table with silver
candlesticks. It might
have been otherwise.
I slept in a bed
in a room with paintings
on the walls, and
planned another day
just like this day.
But one day, I know,
it will be otherwise.



Christmas Away from Home



Her sickness brought me to Connecticut.
Mornings I walk the dog: that part of life
is intact. Who's painted, who's insulated
or put siding on, who's burned the lawn
with lime—that's the news on Ardmore Street.

The leaves of the neighbor's respectable
rhododendrons curl under in the cold.
He has backed the car
through the white nimbus of its exhaust
and disappeared for the day.

In the hiatus between mayors
the city has left leaves in the gutters,
and passing cars lift them in maelstroms.

We pass the house two doors down, the one
with the wildest lights in the neighborhood,
an establishment without irony.
All summer their putto empties a water jar,
their St. Francis feeds the birds.
Now it's angels, festoons, waist-high
candles, and swans pulling sleighs.

Two hundred miles north I'd let the dog
run among birches and the black shade of pines.
I miss the hills, the woods and stony
streams, where the swish of jacket sleeves
against my sides seems loud, and a crow
caws sleepily at dawn.

By now the streams must run under a skin
of ice, white air-bubbles passing erratically,
like blood cells through a vein. Soon the mail,
forwarded, will begin to reach me here.


Otros poemas de Jane Kenyon. aquí
Fuente: Atelier de la palabra y la poesía
Enlaces: La raíz invertida | Daniel Jándula
Imagen:Blodaxe Books










abril 24, 2020

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Carlos J. Aldazábal

Motivos



No es fácil perder tantas peleas,
remontar las tareas cotidianas,
decidirse a vivir con la náusea en la nuca.

Resucitar por día, por minuto,
reencarnado en helecho o en hormiga,
resucitar contrarreloj en la caída
para evitar morir de doble muerte.

No es posible aflojar: así es el juego,
esta sutil condena de continuar naciendo a pesar de los otros.

Por eso es que persisto en mi disfraz de circo,
porque la risa y el amor son escaleras
que trepamos sin miedo mientras nos resbalamos

Quiero decir:

tus ojos me han mirado,

y así vale la pena tanto esfuerzo.



Pasaporte



No sería esta carta el único motivo:
los coleópteros vuelan hasta donde pueden
y si la noche cae en emboscada
no es indignidad entregarse en sus brazos.

Hablo de una carta como excusa,
lo que justifica el sello del fracaso,
una pregunta por la irrealidad de las fronteras.

Hoy que las cartas sólo son pasaportes
rememoro el momento de la firma,
cuando alguien creía en las pisadas,
en los tramos difíciles convertidos en polvo.

Y el polvo era de arena movediza
y las pisadas débiles gateos
y la firma un arrebato de temblor.

En el zaguán que adorna la frontera
hay plomo que mira desde los uniformes,
para que acepte la suerte que me toca.
Y esta carta que tengo no me sirve:

hace mucho que porta mi cadáver,
coleóptero pueril que se ha perdido
sin llegar a su flor, a su alimento


Carlos Aldazábal
Otros poemas de Carlos J. Aldazábal, aquí
Enlace: La poesía alcanza | Eterna Cadencia













abril 22, 2020

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Paula Jiménez España

Espacios naturales



El fuego enlaza la ramita y desenlaza
el halo que se va, su cola tornasol al disiparse
o baja y prende en lo cercano.
Todo sigue su ritmo natural,
enlace y desenlace llegan juntos,
se van al mismo tiempo.
El fuego como el ojo
del huracán, observo,
es un centro que repta, se desplaza
y en su camino alumbra
lo que quema.
Crepita la madera murmurando
su queja y no obstante
acepta este momento, se despide.
Me dijo volveré, seré cenizas.
Vuela, se mete en la nariz
de mi gato que estornuda,
él sacude su trompa y en las ramas
los pájaros escuchan la advertencia,
revoloteo de plumas en huida
o escondite en el barro
de sus nidos.
Todo sigue su ritmo natural
la mezcla del azar, la biología
y una pequeña parte de intención
que no sirvió de nada.
El polvo dice es tan fácil caer.
Y todas las partículas son una
hablan al mismo tiempo
como un coro de grillos
que en la noche imitan el silencio.
No tengas miedo, dice, no hay temor
alguno en el amor por eso el fuego
bendice lo que quema, la lluvia lo que inunda.
Y todo sigue su ritmo natural.
No hay historia ni hay hechos,
oxígeno convertido en fuego
materia en aire puro
permanente desenlace y salvo
los sauces inclinados sobre el río,
nada llora.



Pearl



Cuando suena Move over tomo sol en la terraza
bajo mi espalda hierve
la membrana plateada impermeable
y el verano y el aceite Johnson me calcinan la piel.
Cuando suena Move over me pregunto
cuantas cosas podré hacer en esta vida
y concluyo que todas.
Estoy despierta, pero el mundo duerme
su antigua siesta mientras Move over suena
y en el zaguán de un edificio tomado
mi amante palestino
me da un beso. Su lengua asoma
femínea y delicada
entre los pelos negros de la barba
cuando suena Move over.
Pero una chica como yo – y él no lo sabe-
hubiera muerto por besar a Jannis Joplin
entrando a la cabina de un estudio
con manos anilladas y vibrando
a capella Summertime.
Los platillos redoblan las campanas
porque ella sigue ardiendo o porque nunca
lo estuvo más que cantándome Move over
en mis auriculares.
La música es un río que esta tarde
desemboca en su boca que es el cuadro de Munch
y los golpes de bata alejan como un viaje de Roiphnol
cualquier pasado, con excepción del suyo.
Y al sonar de Move over, Janis Joplin
tiene los ojos de mi amiga Carolina, ocultos bajo lentes
redondos y dorados y el pelo revuelto y abundante.
Ella me mira con el verde de esos iris que atraviesan los vidrios
me mira con la fuerza concentrada de ese verde
muriendo en su esplendor
como el amor
mientras suena Move over.


Paula Jiménez España
PAULA JIMÉNEZ ESPAÑA
(1969, Buenos Aires, Argentina
Fuentes: Literal Magazine | Revista Guka
Enlaces: El infinito viajar | Entrevista Evaristo Cultural