23 octubre 2020

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Joseph Stroud

PERDIDO  


 El ciervo se da vuelta y sigue tranquilamente
cuesta arriba sin mirar siquiera
hacia donde estoy yo, donde empiezo a cruzar
un campo nevado dentro de mi cuerpo y me pierdo
mientras una ceniza blanca cae del cielo y tapa mis huellas
y no hay cómo encontrar el camino de vuelta. 



LA TRADUCCIÓN DIFÍCIL DEL AMOR



Pasados cinco años de matrimonio,
pensó que su corazón había logrado traducirlo.
Pero fue como esa noche en el Ciclo de Cine Extranjero
cuando de pronto en mitad de una película
los subtítulos cambiaron a doblaje
y por un instante pensó que entendía rumano.



 IRIS



 Muriós Lennon y Melíssa plantó bulbos. 
 Cuando surjan, dijo, cuando florezcan,
 vas a pensar en él, Pero más que nada
 me acuerdo de ella, de Melissa, que vuelve
 en momentos imprevistos, una presencia, como los iris, 
 llamas azules saliendo de la tierra.



CATEDRAL



Apoyo el caracol y espero que asome.
Tengo mucho que aprender sobre la paciencia.
Ya no me pregunto a dónde fue el amor
ni por qué son tan largas las noches. Según Issa
las palabras se irán ubicando en la página,
abrirán el camino hacia la mañana.



Joseph Stroud
JOSEPH STROUD
(1943, Glendale, California, Estados Unidos de NA)
Enlaces: LowFiardentia | Op cit
Imagen: Copper Canyon Press

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Carmen Iriondo responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

Carmen Iriondo nació el 25 de septiembre de 1945 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde reside, capital de la República Argentina. Es Licenciada en Psicología (1976), egresada de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es psicoanalista, y en tal carácter colabora con artículos y columnas en medios gráficos, radiales y televisivos. Obtuvo, entre otras distinciones, Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes por su libro “Rock de los limbos”. Invitada, leyó sus poemas, traducidos al inglés, ante alumnos y profesores de la Montclair State University, en Estados Unidos. Es bailarina y Profesora de Danzas Clásica y Contemporánea. Es actriz y también cantante. Como intérprete y autora de las letras, apareció, por ejemplo, el CD “Me da la gana”. Ha sido incluida en “Antología Poética Premio Juan Crisóstomo Lafinur” (2013) y en “Antología temática de la poesía argentina” (2017). Publicó en 2009 el libro autobiográfico “Memorias de una niña rehén” y, a partir de 1988, los poemarios “Casa propia”, “Rara vez”, “La niña pandereta”, “Por el miedo te digo”, “Egle & suertes virgilianas”, “Syl y Ted” (con segunda edición bilingüe; traducción de Rolando Costa Picazo), “Animalitos de Dios”, “Prosas de dormida”, “Vuelo de fiebre”, “Animalitos del cielo y del infierno”, “Llamando al picaflor por el nombre de pila”, “Seamos nieve”, “El rock de los limbos”, “Tilinga”, “Animalitos del cielo, del infierno y del mar”, “El carro de las letras”, “Los míos”, “Fantasmata” y “Menos”.

 

20 octubre 2020

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Julia de Souza: Seré una recién llegada crónica

POEMA PARA VACIAR LA CASA   



Imposible fosilizar la casa 
mantener los dientes sanos 
contarlos uno a uno en su boca 
imposible contener la sonrisa 
incluso sabiendo que la casa 
es otra 

Deseo de que la casa anule 
el mundo que la casa sea
el propio mundo

Que la casa sea un acuario
sea un museo
(do not disturb) 

Si consiguiera atinar
la extensión de su presente
seré una recién llegada crónica

ya es imposible pensar
el mundo sin la mediación
de la casa

(habría sido necesario vaciar el asunto de la casa)

No quiero querer más
quiero de vuelta la imposible
casa auténtica 

(la casa me da saudade de hogar)

Es necesario clausurar la casa
dejar que el matorral la trague
y crezca sin rodeos
dentro de los autos
cubra la mesa de cenar esconda
la insistencia de los remiendos 

nuestra casa castillo de cartas
todavía guarda restos de
cualquier cosa que se fue temprano. 


Julia de Souza
JULIA DE SOUZA
(1986, São Paulo, Brasil)
Fuente: Polvo
Imagen: Cult

15 octubre 2020

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Bruno Di Benedetto: No es leve lo que se esfuerza en mantenerse a flote.

MEDITACIÓN DE ÍCARO EN PLENO ASCENSO



¿Qué es lo leve?
No mi cuerpo, no el cuerpo de mi padre:
nos sostenemos en el aire con furiosos aletazos.
El ansia de libertad nos dio estas plumas,
el odio a la cárcel la fuerza en el pulmón,
el ingenio nos hizo barcos en el aire,
un océano de seis direcciones: cuatro inocuas
y dos fatales: abajo el agua, arriba el fuego.
La levedad, dice mi padre, es el camino a media altura.
No le creo.
No somos leves, no flotamos: ganamos el sustento
con la fuerza del brazo y el sudor de la frente:
hace mucho se nos negó el paraíso de volar por volar.
Soy hijo de esclava.
Allí abajo está el laberinto, sus tripas retorcidas
por la mano de mi padre.
En esas piedras flota el extravío.
La locura terrestre es tener que elegir
entre dos caminos exactamente iguales:
por eso bato las alas con desesperación.
¿Pero qué es lo leve?
No es leve el colibrí, incapaz
de flotar sin su ración de néctar
y su velocidad de pesadilla,
no es leve la flecha que nos mata: la tensión
del arco, el pesado brazo que lo tiende,
no es leve la abeja, vean su tracción de polen,
escuchen el zumbido de su destino de obrera,
sientan el peso implacable de su hexágono de miel:
no es leve lo que se esfuerza en mantenerse a flote.
Pero es leve la ballena muerta con toda su osamenta,
es leve la semilla del diente de león en el viento,
es leve el vuelo de esas arañas en sus babas del diablo,
es leve el león en su salto sobre la carne viva,
es liviana y mortal la angustia que flota
sobre las pesadas piedras del laberinto de mi padre,
es leve la acometida salvaje de los amantes,
es leve el cadáver del ahogado, del prendido fuego:
la levedad de un cuerpo depende de la densidad
del elemento que lo sustenta.
Lo más liviano es el sol:
flota sobre la pesadez de la tierra
flota sobre la oscuridad
flota en su hambre de sí mismo
flota en su propia luz: allá voy.
Sobre el sol sólo flota el vacío:
en esa nada todo cae al mismo tiempo.

Otros poemas de BRUNO DI BENEDETTO, aquí
Referencias: Facebook Ricardo Ruiz

13 octubre 2020

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Matías Moscardi: Nubes plomizas como las cañerías de un edificio costero.

El color de la noche power metal en el espacio cóncavo que abre 
el vidrio. En el espacio cóncavo que abre el vidrio cuando la luz proviene de 
adentro, no de afuera. Una imagen que llega desde pero sale hacia 
(defecto visual). Nubes plomizas como 
las cañerías de un edificio costero. El flujo del agua corriendo 
por el óxido. Por el óxido hasta el pico de la canilla. De la canilla 
hasta la boca. Una araña del tamaño de un punto y coma trepa por
los números del calendario. Se cae y trepa / Se cae y trepa / Se cae.
El clima afecta la percepción del volumen. Subir la tele para dejar de escuchar
lo que pasa afuera. Bajar la persiana para estar seguro de estar.
De estar adentro. 



La programación televisiva marca el movimiento de los astros.
En un quiz show, un hámster le lleva las preguntas al conductor
del programa en un Porche automático de juguete. Es una forma
de decir que es tarde. Las películas basadas en hechos reales no lo dejan
dormir. Sigue el camino amarillo, pero no comas la nieve amarilla. Como la
tele no tiene control remoto, hace zapping con los párpados. 180 canales con la
misma imagen: un roedor manejando un auto fino en miniatura. Sigue el
camino amarillo, pero no comas la nieve amarilla. En el programa, un
participante explica que la actividad onírica tiene lugar en el hemisferio
derecho del cerebro, y la lectura
en el izquierdo. Por eso, dice, no podemos soñar con frases.
Sigue el camino amarillo, pero no comas la nieve.



Una revista de crucigramas en la heladera con la cara de Arnaldo André. Sobre
la revista, la manzana verde con lamparones amarillos (manchas de
nacimiento) no llega a tapar el rostro del galán. Girar
el cabito de la manzana repitiendo el ABC (Cada giro completo equivale a una
letra). Cuando el cabito cede a la presión concéntrica
y es extirpado de la manzana madre, entonces significa la inicial
de una persona que piensa en vos. Pero como el viejo Eddie arranca
los cabitos de un saque, la letra es siempre la A de Arnaldo,
que mira el acontecer del mordisco desde la heladera beige. Así,
con la manzana en la mano y la heladera todavía abierta, el viejo
Eddie mueve la perilla del Philco para lograr la nitidez de un canal codificado. 



El gusto a pileta de la fruta. El agua girando por el círculo negro de la cañería.
(Nunca desaparece por completo). “Agua dulce, agua salada, por agua viene,
por agua se va” es una forma de decir que Julio Iglesias no conoce Mar del
Plata, y si la conoce nunca visitó Obras Sanitarias. Restos de agua en forma de
círculos irregulares y transparentes sobre
la cerámica del baño. La transparencia se vuelve pornográfica si miramos a
trasluz: diminutas partículas como caspa flotando en el vacío. Comer lo que se
mueve de la fruta. Tomar lo que flota en el agua. 


Matías Moscardi
MATÍAS MOSCARDI
(1983, Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina)
De: "Los círculos del agua", Dársena3, 2006
Imagen: Club Hem

11 octubre 2020

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Eva H.D.

Poema incluido en la película I'm thinking of ending thing, (Pienso en el final) de Charlie Kaufman.

Perro de hueso  



Volver a casa es horrible,
ya sea que los perros te lamen la cara o no.
Ya sea que tengas una esposa 
o una soledad en forma de esposa esperando por ti.
Llegar a casa es terriblemente solitario, 
tanto así que añoras con ternura aquella 
opresiva presión barométrica 
de donde acabas de volver,
porque todo es peor
una vez que estás en casa.

Piensas, con nostalgia,
en las alimañas que se aferran a los tallos de la hierba,
las largas horas de camino,
la asistencia en carretera, los helados
y las formas peculiares de ciertas nubes y silencios,
porque no querías volver.
Regresar a casa es
espantoso.

Y los silencios domésticos y sus nubes
hogareñas no contribuyen en nada
más que a todo el malestar.
Miras con sospecha las nubes como son,
hechas de una materia distinta
de aquellas que dejaste atrás.
Tú mismo estás cortado de una tela diferente,
turbia.
Devuelto,
repudiado,
mal recibido
por la luz de luna, infeliz de regresar,
holgado en todos los puntos equivocados,
como un traje lleno de costuras,
un trapo andrajoso de cocina, usado.

Llegas a casa
como a otro planeta, ajeno.
El tirón gravitacional de la Tierra,
un esfuerzo ahora redoblado,
suelta los cordones de tus zapatos
y hace que arrastres los hombros,
grabando aún más profunda la estrofa
de la angustia en tu frente.

Vuelves a casa hundido,
como un pozo sin agua ligado al mañana
por una frágil hebra de “qué más da”.
Suspiras frente a la avalancha de días idénticos,
bien podrían ser uno solo, y uno a la vez.

Bueno,
qué más da,
volviste.

El sol sube y baja
como una puta cansada,
el clima inmóvil 
como un miembro roto mientras envejeces.
Todo permanece inmóvil,
menos las mareas cambiantes
de sal en tu cuerpo.
Tu visión se nubla,
llevas encima tu clima contigo;
una gran ballena azul,
una oscuridad hecha esqueleto.

Vuelves a casa
con visión de rayos X,
tus ojos convertidos en hambre.
Y así, regresas con tus dones
mutantes a una casa de hueso.
Todo lo que ves ahora, todo, es hueso.



Bonedog



Coming home is terrible
whether the dogs lick your face or not;
whether you have a wife
or just a wife-shaped loneliness waiting for you.
Coming home is terribly lonely,
so that you think
of the oppressive barometric pressure
back where you have just come from
with fondness,
because everything’s worse
once you’re home.

You think of the vermin
clinging to the grass stalks,
long hours on the road,
roadside assistance and ice creams,
and the peculiar shapes of
certain clouds and silences
with longing because you did not want to return.
Coming home is
just awful.

And the home-style silences and clouds
contribute to nothing
but the general malaise.
Clouds, such as they are,
are in fact suspect,
and made from a different material
than those you left behind.
You yourself were cut
from a different cloudy cloth,
returned,
remaindered,
ill-met by moonlight,
unhappy to be back,
slack in all the wrong spots,
seamy suit of clothes
dishrag-ratty, worn.

You return home
moon-landed, foreign;
the Earth’s gravitational pull
an effort now redoubled,
dragging your shoelaces loose
and your shoulders
etching deeper the stanza
of worry on your forehead.
You return home deepened,
a parched well linked to tomorrow
by a frail strand of…

Anyway…

You sigh into the onslaught of identical days.
One might as well, at a time…

Well…
Anyway…
You’re back.

The sun goes up and down
like a tired whore,
the weather immobile
like a broken limb
while you just keep getting older.
Nothing moves but
the shifting tides of salt in your body.
Your vision blears.
You carry your weather with you,
the big blue whale,
a skeletal darkness.

You come back
with X-ray vision.
Your eyes have become a hunger.
You come home with your mutant gifts
to a house of bone.
Everything you see now,
all of it:
bone.


EVA H..D (Eva Haralambidis-Doherty) Toronto, Canadá
De: "Rotten Perfect Mouth". Mansfield Press, 2015

10 octubre 2020

08 octubre 2020

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Tove Ditlevsen

DIVORCIO 1 



Él pediría en caso de divorcio 
la mitad de todo dijo él. 
Medio sofá 
medio televisor 
media casa de campo 
medio kilo de mantequilla 
medio hijo. 
El piso era de él dijo él 
porque estaba a su nombre. 
El caso era que la amaba. 
Ella amaba a otro 
cuya esposa iba a pedir la mitad de todo. 
Lo ponía en la ley de matrimonio. 
Era tan evidente como que dos y dos son cuatro. 
El abogado dijo que era correcto. 
Ella destruyó la mitad de todo 
y rasgó la declaración de impuestos en trocitos. 
Después se fue al Hogar de la Mujer 
de la calle Jagtvej con medio hijo. 
Se burlaban del niño en la escuela 
porque sólo tenía una oreja. 
Por lo demás la vida también se podía aguantar así, 
ya que no podía ser de otra manera. 


Tove Ditlevsen
TOVE DITLEVSEN
(1917 / 1976, Copenhage, Dinamarca)
Traducción: Francisco J. Uriz
Recuperado del muro de Jonio González en Facebook
Enlaces: Cuarta Prosa

05 octubre 2020

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Donde arde la memoria, por María Seoane

Conocí a Aníbal Cedrón en el invierno de 2002, cuando nos unió la misma desesperación por las ruinas en las que estaba sumida la Argentina después del estallido de 2001. Esa conmoción común, la sensibilidad por el sufrimiento de los otros y la necesidad de modificar desde nuestro lugar de artistas e intelectuales el destino maldito que trazaba el neoliberalismo sobre nuestra patria, nos unió en una amistad profunda. Empujado por una sensibilidad exquisita, en estado de conmoción permanente, Cedrón construyó una obra que nos retrata en nuestra condición de argentinos como pocos artistas lo lograron. 
Fue en ese tiempo azaroso que me pidió nombrar uno de sus cuadros sobre el Cordobazo, la rebelión obrera y popular que fue el comienzo del fin a una de las tantas dictaduras que padecimos en el siglo XX. Lo llamó Donde arde la marea, definición que parecía referirse siempre al estado de rebeldía contra la injusticia, el estado natural de Cedrón no sólo en su vida como argentino, como miembro de la generación del setenta, sino como artista que podía retratar las travesías de su pueblo y de su tiempo. 
Ahora que ha pasado más de una década de esa obra; ahora que mi amigo ya no está porque lo llevó una enfermedad maldita el 5 de octubre de 2017; ahora que muchos miles verán por siempre sus pinturas que sobreviven en la historia de la plástica nacional, quiero hacerle este homenaje a quien, como definió también su amigo y maestro Luis Felipe Yuyo Noé, fue “el más grande dibujante de su generación”. Pero también porque Aníbal fue un intelectual, un artista, un militante --reconocido como una personalidad destacada de la Cultura de esta ciudad que amó poco antes de morir-- que no sólo dejó una obra inolvidable sino un instrumento en la defensa de los artistas al fundar la Unión Nacional de Artistas Visuales (UNAV) --que hoy lo considera su padre inspirador-- luego de mucho batallar para que los plásticos tuvieran una protección social y estatal que los liberara de la intemperie pero también mitigara su eterna soledad ante la creación. 
Puedo recordarlo también en la fotografía --eternizada en el registro periodístico de la noche del 29 de julio de 1966-- del joven militante comunista y estudiante de arquitectura que a los 18 años resistió junto a otros los golpes y la cárcel durante la Noche de los Bastones Largos, cuando la dictadura de turno violó la autonomía universitaria y reprimió a sangre y fuego a profesores y estudiantes que resistían en la entonces Facultad de Ciencias Exactas, en la Manzana de las Luces. 
Por esa condición de luchador y artista talentoso, Cedrón siempre insistió en que no hay eternidad mayor en una obra que registrar la historia de los otros, los propios, tu pueblo. Y recorriendo momentos de su vida, como siempre, me vuelvo a preguntar qué nos dice Cedrón con su arte. Y repaso su obra, tal como hice en su último catálogo: nos habla de rebelión, nos habla del carácter profundamente subversivo del arte, de dejar registrado en cada huella digital con las que compone sus autorretratos, con la que define la cabeza aindiada del Quijote argentino que la política y el arte pueden revolcarse como una pareja apasionada e interminable en cada trazo, y establecer el grito exacto de la rebelión. Cedrón nos habla en La Nación inconclusa de quienes somos, de aquello que no fuimos, de aquello que nos debemos como argentinos; del vuelo de las cacerolas, de la República en cruz o crucificada. Y desde esa evocación nos lleva a la serie Civilización y Barbarie para recordarnos una y otra vez el pecado original de Adán y Eva en América porque sobre el cuerpo americano, y esta nuestra porción del sur, se llamó Civilización y la Barbarie. Y entonces Adán y Eva derivarán en ese trazo desesperado, porque la condición de la barbarie ante la que el artista se revela es una Humanidad en tránsito, el No lugar como destino, como destierro, y por qué no como inicio de la búsqueda del artista del trazo exacto para refutar la dependencia y la esclavitud para el destino latinoamericano. 
Cedrón trata denodadamente de entender ese sino en la serie Fauna Porto Argentina donde descarga su ironía y también su tristeza sobre el ciudadano medio arrasado por Mister Mercado o en el Pájaro hombre urbano, color verdura, que come de los medios. Una cabeza transida por la ideología de bastardos y oligarcas, siempre de una canalla dispuesta a justificar la crucifixión del prójimo débil. Y la obra de Cedrón, que ahora repaso, viaja rabiosa del siglo XX al siglo XXI con enigmas dolorosos, y en ese andar entre siglos dibuja héroes y villanos: ahí están Compañera Evita; el reclamo de Libertad a Milagro Sala. Pero también está el homenaje y la ternura del artista que se reconoce en el Retrato de Van Gogh detrás de un vidrio roto por un disparo, y la identificación más profunda de pertenecer con pasaporte propio a la cultura de Los dos Julios (Cortázar y el poeta Julio Huasi). La perfección en el Retrato de Julio Cortázar en tiempos oscuros es conmovedora. Toda la obra de Cedrón se resignifica en esa constatación de pertenecer a una generación diezmada pero que sobrevive en la memoria y en el arte: así Gorila amarillo, homenaje a Jorge De La Vega; Rembrandt y el pájaro y los dos Julios dibuja una genealogía de la pertenencia del artista no sólo a la cultura nacional sino a la cultura en tránsito de una humanidad amenazada por los mismos monstruos que él combatía. Así, en este derrotero de trazos apasionados de sí mismo y del otro, Cedrón se inscribe en la cadena de generaciones del país que amó, por el que peleó, por el que sufrió, y al mismo tiempo, que recuperó como nadie. 

Ahora, al recordarte querido amigo, viajamos al corazón de tu vida y de tu obra. Y allí vamos, donde tu marea siempre ardió.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/296800-donde-arde-la-memoria

03 octubre 2020

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Miryam Hache

Miryam Hache

Miryam Hache nació a fines de los 80 en Buenos Aires. Cursó estudios de fotografía, cine, letras y antropología. Participó de diversos grupos literarios y colaboró como crítica de cine y literatura con distintas revistas culturales y periódicos. Durante varios años llevó el portal feminista de crítica de ficciones Imaginaciones Fílmicas. Escribió varios libros de poesía y narrativa, todos aún inéditos. He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center es el primer libro que publica.


He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center



He visto a las mejores mentes de mi generación trabajando
    en un call center.
Destruidas y famélicas arrastrándose por las calles de un fin
     de semana
de furia y rabia
por no disponer más que esos días
para expulsar una libertad contenida sin tiempo
(fuimos sin tiempo, somos sin tiempo).
Y las he visto ser el fuego

que nunca se apaga,
aunque el flujo del capital les cierre las puertas,
una tras otra,
y las convenza,
cada día un poco más,

de que crecer es acumular tonalidades de cosas,
colores coleccionables de todos los plásticos,
de que el arte es el cielo

pero si no se sube a las nubes no existe.

Las he visto acumular libros y dejar de leer para siempre,
sumergirse profanas en la abundancia de la fragmentariedad
del conocimiento codificado en cientos de billones de bytes,
y las he visto queriendo ser bytes,
y las he visto venderse en aplicaciones de bytes,
y nos he visto orgullosas
de esta poderosa conexión intergaláctica a través
     de las pantallas,
grabarse los genitales y perderse en la web,
en las redes asiáticas y rusas
de retratos de genitales
de mi generación perdida en la web,
siendo-la web.
Deviniendo etérea pero reviviendo los paisajes y las caras
de nuestros abuelos
en postales vintage reencontradas en mercadillos
     de baratijas turcas,
distribuyendo maquinarias fotográficas de otras décadas
donde el arte se olía
y se palpaba,
y nadie devenía
millones de bytes
en aplicaciones reemplazables por sus clones provenientes
     de países
en permanente estado de emergencia
que expulsan
sucesivas
e interminables
olas migratorias sin destino,

las he visto llamar emergencia al arte que producían
     sus propias manos,
pintar magníficos murales anónimos.
No ser conscientes de lo que añoraban.

Las he visto hacer de la poesía una pura performance
     y multiplicar la belleza de las competiciones de slam
    por continentes enteros.

Las he visto copiar y expandir modas como incendios,
llamas que iluminan los vastos vacíos que habitamos.

Las he visto recorriendo a pie montañas y templos,
postrarse ante catedrales de otros cultos,
rezarle a la belleza.
Las he visto anarquistas, okupando pueblos abandonados
    en Italia y Francia y España.
Las he visto cultivando marihuana y huertos orgánicos
     en los resquicios de sus balcones al sol.

He visto
a las mejores mentes de mi generación

desahuciadas de sí mismas,

reconociendo la desposesión más absoluta,
no hay tentativa,
ya lo sabemos: no poseemos nada,
no somos nada, 
y hasta nuestros cuerpos le pertenecen al tiempo.

Las he visto replegadas sobre sus vientres entre las mantas,
apegadas a teléfonos móviles
esperando una respuesta,
las he visto contar los días que no han recibido amor,
que no han tocado piel humana,
ordenar a los amantes ya sin nombre en archivos de más bytes
por años y países de procedencia,
asistir a orgías sin culpas

en pisos compartidos, en fiestas de bosques, en cuartos
    oscuros.

Las he visto reconocer la transexualidad que siempre había
     estado ahí,
darle voz y nombre
y resistir
entre mares de ignorancia y violencia desde todos los frentes.

Las he visto dejar de utilizar las puntuaciones correctas
     porque han internalizado que los textos no se terminan,
que vivimos entre los huecos, que el sentido está entre
     las líneas
y que estamos todas en el mismo barco hacia ninguna parte,
los he visto amarrarse las piernas a colchonetas inflables
queriendo practicar bondage y yoga porque no había más
religiones posibles.

Las he visto a quienes han aprendido tanto de política
a través de internet
que se han sentido abrumadas por todo lo que sabían
y se fueron a beber.

A quienes han aprendido a automutilarse,
a construir casas de adobe y grandes jardines
    de permacultura,
a cocinar comidas exóticas de pueblos extintos,
a viajar sin dinero y a restaurar muebles traídos de la calle,
a quienes han aprendido a deconstruir los perniciosos
     ideales del amor romántico

a través de tutoriales de Youtube.

Las he visto enamorarse de youtubers.

Las he visto
en la más honda errancia
de país en país,
de trabajo de trabajo,
de cuerpo en cuerpo.
Las he visto modificarse el cuerpo como ninguna otra
    generación jamás en la historia.

He visto
a las mujeres de mi generación
criadas como silentes y muñecas, 
pero las he visto rebelarse y quemar escuelas vencidas
     y reinventar el lenguaje.

Y los he visto llorar
a todos
porque no les alcanza la piel,
porque no les alcanza la vida,
porque no les alcanza un poema
para expresar
todo lo que han visto.


MiRYAM HACHE (Buenos Aires, Argentina)
De:  "He visto las mejores mentes de mi generación trabajando en un call center " en He visto las mejores...

24 septiembre 2020

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Alejandro Cesario: Hacia la vasta nada

Alejandro Cesario "Poesía que no juzga ni pontifica ni sentencia. Antes bien: expone, mira, pone de resalto. O, acaso, simplemente ve, con toda la contundencia que la mirada puede otorgarle a los hechos. De este modo, crea una existencia que se superpone al mundo como un velo sobre otro velo, destacando la humanidad de rostros y lugares". Extracto del prólogo de Rafael Felipe Oteriño sobre Tonada que no canta

Alejandro Cesario


Amor


a Mel

Ella y yo,
en un pasillo largo, a la espera,
y ella,
entre dilación y sollozos, me dice:
-si pudiera, estaría en tu lugar. 



Esencia


 
Zancada de tero.
Pechitos magros.

Farfulla.

Coplita que machaca y machaca.

No hay luz eléctrica.

El ropaje
se estriega en el arroyo. 



Incondicionalidad



Ya sin latidos.

En el sigilo del desespero
la mamita le susurra.

-Haz un lugar, hijito, para que yo entre



Los Antiguos



En la mecedora,

el crujir de la leña
esparce endecha.

Aúna la ausencia.

Rijosas y cachazas manos.

Agujas que van y vienen
en medio del tejido,

hacia la vasta nada. 



Nochebuena



A la lívida luz del sol,
cancel entornada para el que quisiera entrar,
en el patio cerquita del limonero,
tabla de madera con caballetes,
hule atusado con listones,
candelas sobre la mesa,
cubiertos fulgentes y cruzados,
vino vertido en botijo,
el baldo quebranto,
los gritos de los pibes que juegan,
los refucilos brillantes desde el cielo

y la ausencia, siempre la ausencia.


De: "Tonada que no canta", ediciones la yunta, 2020
Otros poemas de ALEJANDRO CESAREO,  aquí
Imagen: Esquirlas de un alma en fuga

13 septiembre 2020

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Dos poemas ocasionales



UNA ADVERTENCIA INNECESARIA EN MI CASO  




posible retrato de mí, repantigado en el sofá 
esperando que hierva el agua de la pava. 
Colores fluorescentes y el blanco de pelos 
hasta la punta del rabo casi nunca incólume 
sobre el fondo gris algo verde del nuevo tapizado,  
pantalones de azul o el azul de los pantalones, 
casi imperceptible giro hiperrealista 
que incluye a la jirafa de madera, manchas marrones, 
bordeadas de amarillo, 
y al tono impuro de lo que pienso,
entre otros matices,

"No compartir el mate", dice el espectro
de la muerte número 743

Se anhela el borboteo del agua de la pava
y el paso de una palabra por este cuerpo,
         tan bien acomodado.



No es mi culpa



está chueca otra vez,
me decías en un primer plano
   con las últimas noticias
como fondo: agónicos en tránsito al Purgatorio
acarreando el porta suero. Ni el César
del húmero malo
        te redime,
dice la radiografía.
Lo oscuro y luminoso, 
pero en particular, la asimetría de lo oscuro
en nuestros años juntos.

Chueca otra vez:
botones de tu camisa que
no coinciden con los ojales


Pedro Donangelo (1949, Buenos Aires, Argentina)

03 septiembre 2020

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Adam Gai: Fueron horas de recreo en el destiempo

Adam Gai

ANOCHE LA NIEVE JERUSALÉN 



Anoche cayó nieve en Jerusalén 
por nostalgia en pleno verano 
dolida de esperar  
Nadie la vio 
Sopló el sudor de las paredes calientes 
de las piedras resignadas. 
Fue fácil disimular. La gente dormía en el sopor 
momento decisivo para preguntar a las hojas 
qué pasó. Las cosas iban mal le dijeron 
con una voz verde y oscura. 
Se puso a patinar sobre sí misma por las calles vacías
hay que tener buen oído para escuchar su rumor.
Fueron horas de recreo en el destiempo. 
Luego sintió la pisada del primer rayo de sol.
Se escondió en el reloj del día, sus agujas en las agujas
su blancura en la cuerda inexorable que la ahogó.


Otro poema de ADAM GAI, aquí

02 septiembre 2020

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Gregory Corso: Nada más que un caballo resoplando contra otro



POETA HABLANDO CONSIGO MISMO ANTE EL ESPEJO 



Sí, Soy yo 
Esta caza de mí 
se ha transformado en algo evidentemente 
absurdo 
creyendo que cuando yo 
era perseguido 
no sólo me encontraría a mí mismo 
sino también a todo un rebaño de yoes 
yoes pasados, yoes futuros 
un carro cargado de ellos 
y todos estos años 
y adónde he llegado
en este punto del tiempo
éste no es el mismo espejo
que contemplé hace años
Es el espejo que cambia
nunca el pobre Gregory
¡Hey!, en la vida
Donde fui, fui
Donde me detuve, me detuve
Cuando hablé, hablé
Cuando escuché, escuché
Lo que comí, comí
Lo que amé, amé
Pero que puedo decir acerca de
adonde fui, no fui
adonde me detuve, continué mi camino
cuando hablé, escuché
cuando escuché, hablé
cuando ayuné, comí
y cuando amaba ...
no deseaba odiar
Ahora veo a las personas
como las ve la policía
También veo a las monjas del mismo modo
en que veo a los hare-krishnas 
No tengo representante
me disgusta la idea de un poeta con
representante
sin embargo Ginsy y Ferli, tienen uno
y hacen pilas de plata con ellos
se vuelven más famosos también
Quizás debiera contratar un representante
Wow!
De ningún modo, Gregory, quédate
En la cercanía del poema 



Puma en el zoológico de Chapultepec




Largo suave lento rápido pulido gato
¿Qué música, de quién la coreografía que
bailaste
cuándo ellos bajaron la cortina final?
¿Puede semejante gracia ponderada permanecer
aquí, toda sola, en esta cueva de 3 por 6?
¿Te darán otra oportunidad
Tal vez para danzar en las Sierras?
Qué triste pareces, mirándote
yo pienso en Ulanova,
encerrada en algún cuarto amueblado
en Nueva Cork, en la calle 17 del este,
en la sección puertorriqueña. 



Ucello




Ellos nunca morirán en ese campo de batalla
ni las sombras de los lobos reclutarán sus
tesoros como
novias del trigo en todos los horizontes
esperando allí
para consumir el fin de la batalla
no habrá ningún muerto que ponga tensos sus
vientres
flojos ningún montón de tiesos caballos en los
que
enrojecer sus ojos brillantes o aumentar su
comida de
muertos.
Antes vagarían enfurecidos y hambrientos con
lenguas
dementes que creer que en ese campo ningún
hombre pudo morir.
Nunca morirán aquellos que luchan tan
abrazados
aliento con aliento, el ojo reconociendo al
ojo, imposible
morir o moverse, ninguna luz se filtra, ningún
brazo con maza,
nada más que un caballo resoplando contra
otro, escudo
brillante sobre escudo, todos iluminados
por el afilado rayo de un ojo bajo un yelmo.
¡Y aquellos pendones! Lo bastante airados para
echar a volar
sus insignias de una parte a otra del cielo
que han borrado.
Podría imaginarse que pintó sus ejércitos
junto a los ríos
más fríos que tenías filas de calaveras de
acero
brillando en la oscuridad.
Pensarías que es imposible que un hombre muera
la boca de cada combatiente es un castillo de
canción
cada puño de acero un gong soñador, golpe
resonante,
golpe 
como gritos de oro
¡Cómo desearía participar en tal batalla!
Un hombre plateado en un caballo negro con un
estandarte rojo
y una lanza listada, nunca morir sino ser
eterno
un príncipe dorado de una guerra pictórica. 


Otros poemas de GREGORY CORSOaquí
"Corso es un lanzador fenomenal de palabras —primera señal desnuda del poeta—, un maestro científico de delirantes bocanadas de lenguaje. Anhela una superficie desternillada de elipsis, de acrobacias del más peculiar fraseo, recogidas de las calles de su psique como «locos niños de chapas de botella»." Allen Ginsberg

31 agosto 2020

29 agosto 2020

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Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti





“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten” 

Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019). Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.

26 agosto 2020

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Bruno Di Benedetto: A Miguel Ángel Morelli

Bruno Di Benedetto

ESCRIBIR EL BOSQUE 



¿Se podrá escribir un bosque? No contar el bosque, sino
construir el bosque con palabras: tallarlo con la lengua 
en ese bloque oscuro que es una precipitación de mil voces
en el vaso químico del tiempo: el reverbero de mil gargantas
muertas en una garganta viva, el fino espesor de mil bautismos.
El problema es que los bosques crecen desde abajo, y el poema
crece desde arriba: habrá que empezar a edificar en el aire:
necesitamos un pájaro que nos defina eso que llamamos cielo
que ni es cielo ni es azul, lo sé, pero pasa una bandurria
con su pico egipcio y su grito estridente y no hay lugar para dudas:
eso es el cielo, que es cielo y es azul en el corral de la montaña.
La montaña es fácil de hacer: empujar durante un millón de años
el basalto sobre el basalto, confiar en el fuego central del planeta.
Lo difícil es el bosque, su ciencia húmeda y oscura, su frescor:
el escalofrío que te da tocar la piel de un arrayán en pleno verano,
la sentencia del ciprés, el grito rojo de la lenga en el otoño,
la amistad del coihue con el agua, poner en palabras el amor
al coihue, sus filigranas al sol, el sol colándose apenas entre las hojas
el arroyo mínimo que te da de beber, el plano inclinado de tu deseo
de ser bosque, de ser árbol, la sombra que te ata a la tierra negra,
la tierra negra hecha de millones de cadáveres de pequeños bichos,
de hojas amarillas, de troncos podridos, de gusanos, de mariposas,
de gentes marrones, rojas, amarillas, blancas: gente igualada
por el reclamo del humus, juez implacable que no perdona
pero consuela: de lo negro vienes, a lo negro vas: 
el cielo de los árboles empieza por abajo.
Y de ahí nace el bosque.


Otro poema de BRUNO DI BENEDETTOaquí
MIGUEL ÁNGEL MORELLI (1955, Coronel Suárez / 2020, Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Libros publicados:
Piedra blanca sobre piedra negra, 1980 (poesía). Los signos de fuego, 1989 (poesía). Fragmentos de un cielo impenetrable, 1998 (poesía) Faja de Honor de la SADE, 1999. Humanos, casi humanos, 2009 (poesía). Despojos, 2010 (poesía). Despojos, 2010 (poesía). Una sombra maldita, 2014 (narrativa). Borges y el libro de los libros, 2019 (narrativa).
Enlaces: Agencia Paco Urondo |Super Arte | Poemas en Acta Literaria

23 agosto 2020

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Diego Alfaro Palma: Bajo una luz, en pie de poesía.

UMBRAL  




Inútilmente darás la vuelta a la esquina 
y continuarás con tu trabajo. 
Una sílaba deshaciendo una gota 
y la lluvia no se detiene 
por lo que se puede distinguir. 
Así cada uno partirá con sus noticias 
descoloridas y ya húmedas, 
cada palabra tiñe el silencio de los dedos 
y a la luz de un farol en un charco 
-empapados por las circunstancias atravesaremos 
los pesados goterones del umbral. 
Cuando nos vamos no sabemos que nos vamos 
creemos cerrar una puerta, sellar el cerrojo 
aferrándonos a una manilla como a una promesa. 



Paseante número cuatro



Las ruedas de la bicicleta girando
como un cinematógrafo proyectando lo invisible
entrecortando instantes y miradas
trenzando aire con aire entre tus cabellos.
A la manera de una equilibrista
cargas una colección de estampillas
esquivando la lluvia de primavera
y los pajarillos que nunca desearon nacer.
Una única esperanza se desliza
hasta caer en lo imposible:
pedalear bajo el árbol de flores rojas
al que declaraste tu amor
perseguir tus extravagantes vestidos
perderte en el último vagón del metro
o en un oscuro salón de museo:
sellar la vida con unas cuantas palabras.



Bibliotecario 



Reconocerse en un poema de Philip Larkin
puede parecer tan desolador
como la fotografía de un carrusel bajo la lluvia.
Las soledades que vienen y van
pueden ser tan cansadoramente inútiles como la literatura
sin embargo
de una u otra forma volveremos a ellas
como a aquel viejo paraguas que desdeñamos
por sus extravagantes colores. 
Pero más allá de estas vagas lamentaciones,
el deseo de estar solo
bajo una luz, en pie de poesía,
desconociendo -desde altas ventanas
la miserable estulticia
de las chicas bellas, arpías que dolorosamente
anidaron en tu vergüenza.


Diego Alfaro PalmaDIEGO ALFARO PALMA
(1984, Limache, Chile)
De: "Paseantes", Ediciones del Temple, 2009)
Imagen: Patología culturales